Afrika
Poeta recién llegado
ideas, ideas, ideas,
palabras vacías de mentes vacías que creen ser genios para subsistir
del vacío que reina el aire que respiramos, humanos en la búsqueda infinita
de aquello que nos pone nombre. la debilidad humana que nos refugia en ideas
con un subsuelo flotante de inexistentes raíces; todo cambia, excepto nuestra constante necesidad
de auto-engañarnos pensando que quizá algo nada cambia, quizá algo permanece en nuestro espacio
algo de cordura, un hilo en medio del caos. somos entes perdidos
algunos se creen genios e intentan convencer al resto del mundo, a si mismos
algunos, sumidos en el silencio, se resignan a la nada. a seguir la masa como buenos humanos
bondad bondad bondad, buenos humanos buenos humanos
al final, los que ayudan son los buenos humanos
humanos sonrientes, humanos de verdad
humanos con máscara valiente que han pisado tierra firme toda su vida
yo soy una buena humana porque soy una capulla
sumida en la cobardía de querer una verdad, maleante de sórdidas ideas
que me llevan a la nada. ideas buenas, ideas malas
qué más da, si no sé nada, si no he vivido nada
si nazco y persisto en medio de la no sustancia,
entre la duda constante de qué es el qué
diría que sólo nos tenemos a nosotros mismos si tuviéramos conciencia de qué es tener
de qué coño somos, pues somos muerte y un poco de casualidad
cada humano está solo y sólo tiene la certeza del morir
nos buscamos como locos en nuestra misma especie,
intentamos aferrarnos a los restos de los restos
de la esperanza de encontrarnos
el arte es el eco
del recoveco que deja
nuestra esperanza de hallar
una forma de nuestra forma.
somos el rastro del tiempo
un suspiro en una tormenta
condensada en un bote
perdido entre universos.
somos la desesperación
de dejar huella en la memoria,
la repetición reiterada
de re-afirmaciones vanas
donde la palabra es aire
en un vacío corrosivo.
ideas muertas que reaparecen
y desaparecen, reconvirtiéndose
en niebla intangible que nos ciega
el final que no existe, pues no hay un final
hay un constante paso de voces, voces
de materia, química y lírica.
y todo va tan deprisa
que los días despiertan
esbozando bostezos, rutina
de vivir sin un sentido, con
cojines y aburrimiento de una vejez
constante, miedos de la naturaleza
la vida, la supervivencia.
nuestros latidos aletargan una larga,
larga carrera de muerte entre libros,
asfalto y orgullo en la ilusión
de la dignidad humana,
la miseria que se reencarna en la supresión de los instintos
la creencia de que no somos carne,
de que somos humo que moldea
un envuelto de tejidos,
y cosas masticables.
palabras vacías de mentes vacías que creen ser genios para subsistir
del vacío que reina el aire que respiramos, humanos en la búsqueda infinita
de aquello que nos pone nombre. la debilidad humana que nos refugia en ideas
con un subsuelo flotante de inexistentes raíces; todo cambia, excepto nuestra constante necesidad
de auto-engañarnos pensando que quizá algo nada cambia, quizá algo permanece en nuestro espacio
algo de cordura, un hilo en medio del caos. somos entes perdidos
algunos se creen genios e intentan convencer al resto del mundo, a si mismos
algunos, sumidos en el silencio, se resignan a la nada. a seguir la masa como buenos humanos
bondad bondad bondad, buenos humanos buenos humanos
al final, los que ayudan son los buenos humanos
humanos sonrientes, humanos de verdad
humanos con máscara valiente que han pisado tierra firme toda su vida
yo soy una buena humana porque soy una capulla
sumida en la cobardía de querer una verdad, maleante de sórdidas ideas
que me llevan a la nada. ideas buenas, ideas malas
qué más da, si no sé nada, si no he vivido nada
si nazco y persisto en medio de la no sustancia,
entre la duda constante de qué es el qué
diría que sólo nos tenemos a nosotros mismos si tuviéramos conciencia de qué es tener
de qué coño somos, pues somos muerte y un poco de casualidad
cada humano está solo y sólo tiene la certeza del morir
nos buscamos como locos en nuestra misma especie,
intentamos aferrarnos a los restos de los restos
de la esperanza de encontrarnos
el arte es el eco
del recoveco que deja
nuestra esperanza de hallar
una forma de nuestra forma.
somos el rastro del tiempo
un suspiro en una tormenta
condensada en un bote
perdido entre universos.
somos la desesperación
de dejar huella en la memoria,
la repetición reiterada
de re-afirmaciones vanas
donde la palabra es aire
en un vacío corrosivo.
ideas muertas que reaparecen
y desaparecen, reconvirtiéndose
en niebla intangible que nos ciega
el final que no existe, pues no hay un final
hay un constante paso de voces, voces
de materia, química y lírica.
y todo va tan deprisa
que los días despiertan
esbozando bostezos, rutina
de vivir sin un sentido, con
cojines y aburrimiento de una vejez
constante, miedos de la naturaleza
la vida, la supervivencia.
nuestros latidos aletargan una larga,
larga carrera de muerte entre libros,
asfalto y orgullo en la ilusión
de la dignidad humana,
la miseria que se reencarna en la supresión de los instintos
la creencia de que no somos carne,
de que somos humo que moldea
un envuelto de tejidos,
y cosas masticables.