Hombre lobo

LuisQuiero

Poeta recién llegado
Ah, aquella noche la música volvía a recordarme su amor, un amor extenso magnífico fraguado aquel invierno.

Sonaba triste, presagiosa, rara, desafortunada; escuché sobrecogido la canción, nota sobre nota y caí en la cuenta: aquellas carreras para no perder de vista su amor, las insinuantes formas, las figuras presentadas habían sido la cara de una moneda de una especie de burla que se cernió sobre mí durante algunos meses.

Pero entonces ya estaba todo perdido.

En la oscura calle mi pesar desapareció un momento; el contacto con el templado aire significaba volver a la inocencia que desde tiempos pasados me invadió; la duda sobre mí desaparecería.

Recorrí, olvidado por todos, los pasos que me separaban de la habitación, recogí las palabras guardadas hasta entonces, algunos pocos libros sin leer; y la desilusión de haber querido el amor y no haberlo comprendido.

Días después su voz, una voz fría, no me reprochaba mi repentino alejamiento sin despedida; solamente me dijo que, sin quererlo, me había convertido en hombre lobo, no en Paris.
 
Controvertido relato nos compartes, un buen escrito.

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Ah, aquella noche la música volvía a recordarme su amor, un amor extenso magnífico fraguado aquel invierno.

Sonaba triste, presagiosa, rara, desafortunada; escuché sobrecogido la canción, nota sobre nota y caí en la cuenta: aquellas carreras para no perder de vista su amor, las insinuantes formas, las figuras presentadas habían sido la cara de una moneda de una especie de burla que se cernió sobre mí durante algunos meses.

Pero entonces ya estaba todo perdido.

En la oscura calle mi pesar desapareció un momento; el contacto con el templado aire significaba volver a la inocencia que desde tiempos pasados me invadió; la duda sobre mí desaparecería.

Recorrí, olvidado por todos, los pasos que me separaban de la habitación, recogí las palabras guardadas hasta entonces, algunos pocos libros sin leer; y la desilusión de haber querido el amor y no haberlo comprendido.

Días después su voz, una voz fría, no me reprochaba mi repentino alejamiento sin despedida; solamente me dijo que, sin quererlo, me había convertido en hombre lobo, no en Paris.
A veces quedamos atrapados en una ilusión sin sentido.

Saludos
 

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