Hay quienes van de rodillas gastados.
Hombres “ni”, hombres grises sin más nada
que no dan pero viven la angustiada
pena de quién esperando callados
sueñan destinos en tanto sentados
en la silla segura apoltronada
de pasiones leyendo en la mirada
como si sangre y valor son negados.
Y por si fuera ya poco prometen
lo que adolecen por tristes, ausencia.
Pactan ajenas las suertes que vierten.
No hay en su espejo más que una presencia
ya malograda de ideas intrusas
casi vacías y faltas de esencia.
Hombres “ni”, hombres grises sin más nada
que no dan pero viven la angustiada
pena de quién esperando callados
sueñan destinos en tanto sentados
en la silla segura apoltronada
de pasiones leyendo en la mirada
como si sangre y valor son negados.
Y por si fuera ya poco prometen
lo que adolecen por tristes, ausencia.
Pactan ajenas las suertes que vierten.
No hay en su espejo más que una presencia
ya malograda de ideas intrusas
casi vacías y faltas de esencia.