Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En laberintos de tinta y papel,
se enreda el tiempo, se quiebra el sentido; un reloj danza, perdido y vencido, la prosa salta como un cascabel.
En los andenes del tren más sin fin,
los ecos suenan, retumban, se callan;
las palabras mismas saltan y estallan,
tejiendo un juego, oscuro y sin fin.
La Maga espera, de espaldas al río,
con ojos que guardan un sueño escondido; y en cada esquina del mundo perdido, un puente cruza el abismo vacío.
Rayuela escrita, destino azaroso,
donde el que juega no sabe qué busca; del lado A o del B siempre se ofusca, la vida es huella y el trazo borroso.
Oh, Cortázar, juglar del absurdo,
maestro del salto, del ritmo fugaz,
nos diste un mundo tan singular,
que todo en tus páginas cobra lo absurdo.
Con rima clara y con métrica pura,
hoy en tu honor esta oda se alza;
tu pluma eterna, jamás se desplaza,
pues juega y danza en la literatura.
se enreda el tiempo, se quiebra el sentido; un reloj danza, perdido y vencido, la prosa salta como un cascabel.
En los andenes del tren más sin fin,
los ecos suenan, retumban, se callan;
las palabras mismas saltan y estallan,
tejiendo un juego, oscuro y sin fin.
La Maga espera, de espaldas al río,
con ojos que guardan un sueño escondido; y en cada esquina del mundo perdido, un puente cruza el abismo vacío.
Rayuela escrita, destino azaroso,
donde el que juega no sabe qué busca; del lado A o del B siempre se ofusca, la vida es huella y el trazo borroso.
Oh, Cortázar, juglar del absurdo,
maestro del salto, del ritmo fugaz,
nos diste un mundo tan singular,
que todo en tus páginas cobra lo absurdo.
Con rima clara y con métrica pura,
hoy en tu honor esta oda se alza;
tu pluma eterna, jamás se desplaza,
pues juega y danza en la literatura.