Escribir, decir, palabras,
pueden ser libros y no rayan ni la sombra de una caricia;
qué es el toque, el roce sin la frase correcta, sin el silencio exacto,
sin el guiño pícaro?
Qué somos sin esa flor que nos dicen, nos trae el viento,
viaja en los ojos y nos amanece?
Quién como humilde mortal de su belleza adicto capaz sería de no decirle,
no callar y no ser cómplice?
Mujer, AY DIOS, que de vida mi alma llene su risa,
de rosas sus pasos y de paz, tanta paz su pecho.
Para la dicha aquí tengo el mío donde recogeré sus lágrimas,
para cultivar,
hacer el rocío en la aurora de los días que me faltan,
y escribir en su honor el silencio perfecto.
pueden ser libros y no rayan ni la sombra de una caricia;
qué es el toque, el roce sin la frase correcta, sin el silencio exacto,
sin el guiño pícaro?
Qué somos sin esa flor que nos dicen, nos trae el viento,
viaja en los ojos y nos amanece?
Quién como humilde mortal de su belleza adicto capaz sería de no decirle,
no callar y no ser cómplice?
Mujer, AY DIOS, que de vida mi alma llene su risa,
de rosas sus pasos y de paz, tanta paz su pecho.
Para la dicha aquí tengo el mío donde recogeré sus lágrimas,
para cultivar,
hacer el rocío en la aurora de los días que me faltan,
y escribir en su honor el silencio perfecto.