Hora nona.

Fernando Oviedo

Mirando el cenit de hace medio día.
Vaya hora tercera!, insomnio de larga frase en tuesto quebrado colorado, creada yace una grieta vertical inalcanzable por sobre losas y fenestraciones, luego de tardes infernales, quedan apenas sus vapores deslizando rodelas y facto de enhebro, el no-salido tremenda un rodón, apenas de clavo y del largado plástico pestilente de industrias, vahos de hollines y sus desgajes, que contraste!, piar de ave con ojos al cielo, dista a tres metros cuarenta centímetros y volado birlado a ocho y media de la mañana, por sobre los magros techos, posado en canalón colapsado, vaya lujuria tuya, como mermelada de aguaymanto con apenas cuatro gotas dispersas de limón en olvido de waros y espera de chocolate humeante. Quizás el turquesa de la rompiente ola de chorrillos y sus arenillas incontables, quizás también la distendida charla mezclando cada salsa oriental por sobre las gramíneas y sus calores. Hora octava, qué decías por sobre las qanchas y sus piskos?
Deliciosos colores humanos, desde los esquinos atravesando los respiros, esforzando sus disfuerzos, retozando los dichos enhebros, extensión de memorias y limites: tersos cristalinos disfrutando los cálidos atardeceres, donde la prisa no grita lugar, mas bien crea espacio, desde el impulso fortuito hasta la imagen vaída de tornasol y filo de brillantes; reflejadas van transitando las estrellas de iris a iris, no te agotes de remirar mis extremos... la juntura en paleta tintada dio ya más que dos respiros: hora nona, deliciosa, yaces transitada.
 
Última edición:
Los colores, aromas, recuerdos más allá de una juntura de imágenes que generan expresiones recreadas, son como lisura traviesa que intenta re-vivar escenarios de este universo, gracias por vuestras expresiones.
 

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