Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Horas bajas
En el otoño de mi vida
donde los silencios se hacen eternos
y las noches se ralentizan.
El alma se embriaga de soledad,
el frió se acomoda en los huesos.
El pensamiento añorante entristece los días.
Gritos silenciosos salen de mi boca
amordazadas por la incomunicación
Íntimos atardeceres, donde antes había
bullicios y algarabías.
Ausencias de palabras apasionadas
Todo a mi alrededor adormece
Mi brújula perdió su norte
Las cicatrices del volcán del amor
se cierran
Con mis manos ferradas al teclado del ordenador,
acaricio la vida
Mis manos, siempre mis manos
avarientas de vida podrán salvarme.
En el otoño de mi vida
donde los silencios se hacen eternos
y las noches se ralentizan.
El alma se embriaga de soledad,
el frió se acomoda en los huesos.
El pensamiento añorante entristece los días.
Gritos silenciosos salen de mi boca
amordazadas por la incomunicación
Íntimos atardeceres, donde antes había
bullicios y algarabías.
Ausencias de palabras apasionadas
Todo a mi alrededor adormece
Mi brújula perdió su norte
Las cicatrices del volcán del amor
se cierran
Con mis manos ferradas al teclado del ordenador,
acaricio la vida
Mis manos, siempre mis manos
avarientas de vida podrán salvarme.