jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cuando ya no la quería me animé por fin a decirle
que la amaba profundamente que sin ella
mi vida era una basura no tenía sentido
pero ya no la quería ya no
y me daba lo mismo lo que ella hiciera
que me mandara a freír esparragos
que se burlara de mis trilladas palabras
o me dijera que ella también me quería
y que desde el primer día que me vio se pasaba
amargas noches sin dormir imaginando
pensando en mí que le hablaba
que le proponía salir juntos
a tomar un café al cine a donde fuera
y después la besaba la estrechaba fuertemente
le decía vive conmigo cásate conmigo cosas de esas
me daba lo mismo ya no la quería y no sé
para qué se lo dije para qué me metí en este lío
te amo le dije no puedo vivir sin ti eres el amor de mi vida
aun cuando nada de eso era cierto
no se lo tuve que repetir me saltó encima
me echó los brazos al cuello me besó hasta casi ahogarme
lloró como una loca gritó que se moría
que hiciera con ella lo que yo quisiera que me la llevara
al fin del mundo si se me antojaba ella sería mi esclava
no sé para qué tuve que abrir la bocota pero desde ese día
no me la quito de encima ella respira por mí se ha convertido
en mi sombra en mi otro yo en el ojo en el cielo
que supervisa cada uno de mis actos cada vez que respiro
cada vez que pienso en largarme lejos y abandonarla
colarme de polizón en un pesquero japonés en un avión
de aerolíneas australianas en la próxima misión
del transbordador espacial a lo mejor fingir un accidente
tiene un sexto sentido que la pone en guardia la vuelve clarividente
ya no sé cuántas madrugadas me ha sorprendido
cuando huyo por la ventana que da al jardín y allí la encuentro
en negligee blanco y medias negras de encaje y en tacones
tirada en la tumbona con las piernas abiertas la mirada lasciva
cada vez que me marcho al otro extremo del mundo
el punto más lejano que alcanzo es su entrepierna
que la amaba profundamente que sin ella
mi vida era una basura no tenía sentido
pero ya no la quería ya no
y me daba lo mismo lo que ella hiciera
que me mandara a freír esparragos
que se burlara de mis trilladas palabras
o me dijera que ella también me quería
y que desde el primer día que me vio se pasaba
amargas noches sin dormir imaginando
pensando en mí que le hablaba
que le proponía salir juntos
a tomar un café al cine a donde fuera
y después la besaba la estrechaba fuertemente
le decía vive conmigo cásate conmigo cosas de esas
me daba lo mismo ya no la quería y no sé
para qué se lo dije para qué me metí en este lío
te amo le dije no puedo vivir sin ti eres el amor de mi vida
aun cuando nada de eso era cierto
no se lo tuve que repetir me saltó encima
me echó los brazos al cuello me besó hasta casi ahogarme
lloró como una loca gritó que se moría
que hiciera con ella lo que yo quisiera que me la llevara
al fin del mundo si se me antojaba ella sería mi esclava
no sé para qué tuve que abrir la bocota pero desde ese día
no me la quito de encima ella respira por mí se ha convertido
en mi sombra en mi otro yo en el ojo en el cielo
que supervisa cada uno de mis actos cada vez que respiro
cada vez que pienso en largarme lejos y abandonarla
colarme de polizón en un pesquero japonés en un avión
de aerolíneas australianas en la próxima misión
del transbordador espacial a lo mejor fingir un accidente
tiene un sexto sentido que la pone en guardia la vuelve clarividente
ya no sé cuántas madrugadas me ha sorprendido
cuando huyo por la ventana que da al jardín y allí la encuentro
en negligee blanco y medias negras de encaje y en tacones
tirada en la tumbona con las piernas abiertas la mirada lasciva
cada vez que me marcho al otro extremo del mundo
el punto más lejano que alcanzo es su entrepierna