Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Horizontes
Caracola de terciopelo, loto de cristal ceñido
al marmóreo que gesta con su parpadeo
un ilustre idilio, un hidalgo navio que acogiera
en su urbe la jactancia de una oda
que te hiciera yo con jade al interior mío alucinado
que es un exacerbado de amarte, de poseer
el bostezo que desdobla en la neblina.
¡Ah mi dulce Melina! Por esa barandilla
un corazón nos reclame una ceremonia
y que en parsimonia cortejemos a la luz y el oro.
Que hoy te sé en otra parte de mí, clavel dorado,
quizás en la bahía donde repican los mares,
quizás en el altar de las aves
o allá en la cándida nostalgia de sentirte tan lejana
en el paraíso dormido, allá donde te llamas Carmen
o María pero también te llamas ¡Mía!
Caracola de terciopelo no tengo dulce agonía
me he convencido de saber que por más que te fueses
siempre me llevaras contigo, zafir que enverdece
en mis brazos que son horizontes.
Caracola de terciopelo, loto de cristal ceñido
al marmóreo que gesta con su parpadeo
un ilustre idilio, un hidalgo navio que acogiera
en su urbe la jactancia de una oda
que te hiciera yo con jade al interior mío alucinado
que es un exacerbado de amarte, de poseer
el bostezo que desdobla en la neblina.
¡Ah mi dulce Melina! Por esa barandilla
un corazón nos reclame una ceremonia
y que en parsimonia cortejemos a la luz y el oro.
Que hoy te sé en otra parte de mí, clavel dorado,
quizás en la bahía donde repican los mares,
quizás en el altar de las aves
o allá en la cándida nostalgia de sentirte tan lejana
en el paraíso dormido, allá donde te llamas Carmen
o María pero también te llamas ¡Mía!
Caracola de terciopelo no tengo dulce agonía
me he convencido de saber que por más que te fueses
siempre me llevaras contigo, zafir que enverdece
en mis brazos que son horizontes.
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