mimaldinocora
Poeta recién llegado
El silencio de los camarones sobre mis pies,
mientras el mar y su vinagre oblicuan mis manos,
como un puñal herido.
Vientos oscuros que se cuelgan de ventanas vivas,
parientes de mis ojos cuando recuerdan el tiempo herido,
cuando recuerdan
que han dibujado siluetas de venas en el cielo,
venas dibujadas por el hortelano de cuerpos,
dibuja la silueta la silueta de sus venas.
Asidme entre tus trozos,
tus y cada uno de tus malditos trozos,
o déjame ser lo que duran tus venas dibujadas,
en el trazo de la intemperie.
Por que seria incapaz de escuchar de por vida,
el sonido que mataría,
seria incapaz de no ser algo más
que la silueta de tus venas
dibujadas en el trazo celestial,
mientras que el dibujo descansaría,
las tibias sabanas de solsticio,
me acurrucarían.
Asidme entre tus trozos,
tus y cada uno de tus malditos trozos.
mientras el mar y su vinagre oblicuan mis manos,
como un puñal herido.
Vientos oscuros que se cuelgan de ventanas vivas,
parientes de mis ojos cuando recuerdan el tiempo herido,
cuando recuerdan
que han dibujado siluetas de venas en el cielo,
venas dibujadas por el hortelano de cuerpos,
dibuja la silueta la silueta de sus venas.
Asidme entre tus trozos,
tus y cada uno de tus malditos trozos,
o déjame ser lo que duran tus venas dibujadas,
en el trazo de la intemperie.
Por que seria incapaz de escuchar de por vida,
el sonido que mataría,
seria incapaz de no ser algo más
que la silueta de tus venas
dibujadas en el trazo celestial,
mientras que el dibujo descansaría,
las tibias sabanas de solsticio,
me acurrucarían.
Asidme entre tus trozos,
tus y cada uno de tus malditos trozos.