Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Hay mujeres, que más que madres, son imágenes que marcan el alma, lloran cantan y aman en sus hijos que hablan, cuando su voz ya no les llama.
HORTENSIA
Quien muera sin conocerla, nunca sabrá,
que en la tierra habita una mujer con el amor de todos los ángeles,
aquella que se olvida de sí, para darlo todo, como en el desierto el maná,
música que con ritmo, la sientes viajando de aquí para allá,
aquella que se mira en sus hijos, y brilla como el mejor sol primaveral, ocultándose
tras los árboles.
Flor perecedera, a veces luciendo
tus galas azules, amarillas, blancas, fucsias o rosadas,
eres la flor preferida entre tus hijos amados,
allí en tu regazo tus vástagos las penas van redimiendo.
Te ríes, caminas, siempre trabajando,
así, tus retoños y nietos los valores van imitando,
cuando de valentía se trata, tu existencia vas reinventando,
eres capullito de flor que nunca verás marchitando.
Robín te ladra, te sigue,
acá están Ferney, Dayana y Sebastián,
buscando la abuela que nunca olvidarán,
la misma que les ha enseñado que en la vida nunca se finge.
Palomita mensajera que aletea en casa,
que de todos se ocupa, con su nido caliente,
aquella que con el don de la vida ciñó su vientre,
gorrioncillo que canta, y sin ella la vida se acaba.
La madre, la abuela, la mujer
de piel canela con aroma a vida,
corrientes, manantiales, tempestades y otro día,
es esta vida, con tu ejemplo, la que nos has enseñado a tejer.
HORTENSIA
Quien muera sin conocerla, nunca sabrá,
que en la tierra habita una mujer con el amor de todos los ángeles,
aquella que se olvida de sí, para darlo todo, como en el desierto el maná,
música que con ritmo, la sientes viajando de aquí para allá,
aquella que se mira en sus hijos, y brilla como el mejor sol primaveral, ocultándose
tras los árboles.
Flor perecedera, a veces luciendo
tus galas azules, amarillas, blancas, fucsias o rosadas,
eres la flor preferida entre tus hijos amados,
allí en tu regazo tus vástagos las penas van redimiendo.
Te ríes, caminas, siempre trabajando,
así, tus retoños y nietos los valores van imitando,
cuando de valentía se trata, tu existencia vas reinventando,
eres capullito de flor que nunca verás marchitando.
Robín te ladra, te sigue,
acá están Ferney, Dayana y Sebastián,
buscando la abuela que nunca olvidarán,
la misma que les ha enseñado que en la vida nunca se finge.
Palomita mensajera que aletea en casa,
que de todos se ocupa, con su nido caliente,
aquella que con el don de la vida ciñó su vientre,
gorrioncillo que canta, y sin ella la vida se acaba.
La madre, la abuela, la mujer
de piel canela con aroma a vida,
corrientes, manantiales, tempestades y otro día,
es esta vida, con tu ejemplo, la que nos has enseñado a tejer.