Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Hoy dejé que la noche
se apagará lenta,
que se ocultará el viento
tras la luna llena;
dejé sembrados los actos
en días de primavera
y donde las tempestades
carcomían mis venas.
Hoy dejé que una estrella
bajara silenciosa,
se posara dormida
entre manos de arena,
dejé la voz herida
entre cunas de penas
para que sueñe tranquila
mientras el sol la despierta.
Hoy dejé el trabajo
con enfermedades ajenas,
los pulsos agotados
y apagadas las letras;
dejé que la brisa suave
acariciara mis quimeras
para descansar absuelto
de un mal que ahora impera.
Hoy dejé mis pies
sembrados junto a la hierba,
el corazón enredado
al pie de una hiedra
que se alza gloriosa
cantando frías corcheas
para apartarlas luego
al son de una despedida eterna.
se apagará lenta,
que se ocultará el viento
tras la luna llena;
dejé sembrados los actos
en días de primavera
y donde las tempestades
carcomían mis venas.
Hoy dejé que una estrella
bajara silenciosa,
se posara dormida
entre manos de arena,
dejé la voz herida
entre cunas de penas
para que sueñe tranquila
mientras el sol la despierta.
Hoy dejé el trabajo
con enfermedades ajenas,
los pulsos agotados
y apagadas las letras;
dejé que la brisa suave
acariciara mis quimeras
para descansar absuelto
de un mal que ahora impera.
Hoy dejé mis pies
sembrados junto a la hierba,
el corazón enredado
al pie de una hiedra
que se alza gloriosa
cantando frías corcheas
para apartarlas luego
al son de una despedida eterna.