Erina de Telos
Poeta recién llegado
Mira su reflejo desganada, ausente, deprimida. Siente como su corazón bombea la sangre despacio y sus ojos parecen carecer de color. Todo está en blanco y negro, como en aquellas películas que solían ver sus abuelos antaño y que tanto la aburrían. El sonido de la calle es lejano y casi parece que no existe. Una lágrima. Dos lágrimas. Tres lágrimas
Es tan fácil llorar cuando duele.
El aire es pesado. Los olores están ausentes y el mundo de fantasía que una vez fue efímero y palpitante, ha desaparecido. Su sonrisa es un recuerdo. Su alegría un aliento del pasado. Solo queda un cuerpo frío y desecho por la tristeza.
No hay nadie que la abrace ni que la ayude a entrar en calor. Hace mucho tiempo que se deshizo de todos aquellos falsos e interesados amigos. Ya no tiene prejuicios y la da igual lo que el mundo piense sobre ella. Solo vive sin vivir, respira porque no sabe como dejar de hacerlo.
El aire es pesado. Los olores están ausentes y el mundo de fantasía que una vez fue efímero y palpitante, ha desaparecido. Su sonrisa es un recuerdo. Su alegría un aliento del pasado. Solo queda un cuerpo frío y desecho por la tristeza.
No hay nadie que la abrace ni que la ayude a entrar en calor. Hace mucho tiempo que se deshizo de todos aquellos falsos e interesados amigos. Ya no tiene prejuicios y la da igual lo que el mundo piense sobre ella. Solo vive sin vivir, respira porque no sabe como dejar de hacerlo.