Kabuki
Poeta recién llegado
Hoy, Jueves.
(Carta)
(Carta)
Hoy jueves, día de inexactitud, de perla cromada,
es que burilo mis pensamientos en terracota.
Hoja, recién salida del horno;
tinta, diluida en la artesa.
Como panadero del más francés arte,
quiero encender tu apetito y mitigar tu hambre.
Con canciones sin sentido,
pero con guitarras buenas.
Cada cuerda / cada hilo de cabello.
Mi carta empieza con el trazo finito de la aurora
y continua en las aletas del tiburón en el mar.
La frecuencia no está más allá de tus ojos,
y tus ojos no están más allá del mar.
Olas gigantes, tiempo que no las reconozco;
cangrejos ingentes, van sin nadar.
Pero algo que si reconozco es tu
tacto fino y tu dulzura al andar.
Pero Basta, no estemos tan melosos,
pues la sal es también un buen ingrediente para el amor.
Un vino, una copa, una zarabanda española,
¡Qué noche! ¡Qué noche! No necesitamos de galas,
ni de mozos, tan solo oídos y palabras.
Pero es de tarde y a mi espera le coloco el
nombre de Angustia. No hace frío, aún fuese invierno.
El pensamiento compartido jamás carece de abrigo.
Ni de Alma.
Voy poco a poco como los pasos de una tortuga
tísica y desahuciada, que con ganas de vivir
busca ese manglar. Voy, voy
poco a poco, con el beso subiendo por tu espalda,
buscando el broche pudoroso
y la liga que cuelga de tu falda.
De tu falda, de tu blusa.
¡Que hermosa te has de ver desnuda!
Como una ciencia sin estudio, sino nacida;
como fruto de las plazas de donde hoy salgo,
a esta hora, pues mi pluma se seca,
y cuando te vea, seguro, mis pupilas lloran.
Pero, esta vez, no, a solas.
es que burilo mis pensamientos en terracota.
Hoja, recién salida del horno;
tinta, diluida en la artesa.
Como panadero del más francés arte,
quiero encender tu apetito y mitigar tu hambre.
Con canciones sin sentido,
pero con guitarras buenas.
Cada cuerda / cada hilo de cabello.
Mi carta empieza con el trazo finito de la aurora
y continua en las aletas del tiburón en el mar.
La frecuencia no está más allá de tus ojos,
y tus ojos no están más allá del mar.
Olas gigantes, tiempo que no las reconozco;
cangrejos ingentes, van sin nadar.
Pero algo que si reconozco es tu
tacto fino y tu dulzura al andar.
Pero Basta, no estemos tan melosos,
pues la sal es también un buen ingrediente para el amor.
Un vino, una copa, una zarabanda española,
¡Qué noche! ¡Qué noche! No necesitamos de galas,
ni de mozos, tan solo oídos y palabras.
Pero es de tarde y a mi espera le coloco el
nombre de Angustia. No hace frío, aún fuese invierno.
El pensamiento compartido jamás carece de abrigo.
Ni de Alma.
Voy poco a poco como los pasos de una tortuga
tísica y desahuciada, que con ganas de vivir
busca ese manglar. Voy, voy
poco a poco, con el beso subiendo por tu espalda,
buscando el broche pudoroso
y la liga que cuelga de tu falda.
De tu falda, de tu blusa.
¡Que hermosa te has de ver desnuda!
Como una ciencia sin estudio, sino nacida;
como fruto de las plazas de donde hoy salgo,
a esta hora, pues mi pluma se seca,
y cuando te vea, seguro, mis pupilas lloran.
Pero, esta vez, no, a solas.
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