cesarbittar
Poeta recién llegado
Me marcho
me marché hace ya mucho.
Y los peldaños las lágrimas embaucadas en el marco de la puerta.
Todo lo dicho, pensado soñado.
Todo disuelto en un vaho de realidades.
Me marcho como si mis pensamientos muertos ya no aguantaran los huesos.
Como el último rayo de luz ante la sacra noche.
La despedida
El embargo
Me marcho marchitados los saludos
Procreados con indiferencia,
Alimentados con tanto frío.
El furor se marchó antes,
Y después, ya no hubo otra salida.
Me marcho en este acantilado pronuncio mis adioses.
Los abrazos nunca recibidos,
Las miradas perdidas,
El beso nunca dado.
Me marcho y se me quedan mis fuerzas,
Mi nostalgia
Mis esperanzas.
Me he marchado de la nada
Hacia la nada
Como si algo que estuvo a punto de llegar,
Se hubiese quedado atrapado en el segundo previo a nosotros,
Tragado por la bestia de la indiferencia,
Devorado por lo comúnmente ordinario,
Escupido en moribundo estado,
Fallecido antes del amanecer.
Me marcho Es necesaria mi huida,
Para evitar convertirme en la sombra de tu sutil abandono,
En esta ciudad nacida de tus palabras comprensivas,
Y ahogada por el latido indeciso de la Torre de Babel de tus ojos,
Olvidada en el último sótano del laberinto de los jeroglíficos de tu mente.
Es necesario dejar de ser sueño,
Para soslayar deambular en tu cosmos,
Y así poder por siempre marcharme,
Hacia la infinita tristeza, hacia el suspiro vacío
Me marché Pero te dejé el mapa de mis letras
No dejé de quererte en mi partida
Ni en mi llegada a esa ninguna parte,
Donde finalmente despierto
Y te olvido
Saludos a todos,
César
Y los peldaños las lágrimas embaucadas en el marco de la puerta.
Todo lo dicho, pensado soñado.
Todo disuelto en un vaho de realidades.
Me marcho como si mis pensamientos muertos ya no aguantaran los huesos.
Como el último rayo de luz ante la sacra noche.
La despedida
El embargo
Me marcho marchitados los saludos
Procreados con indiferencia,
Alimentados con tanto frío.
El furor se marchó antes,
Y después, ya no hubo otra salida.
Me marcho en este acantilado pronuncio mis adioses.
Los abrazos nunca recibidos,
Las miradas perdidas,
El beso nunca dado.
Me marcho y se me quedan mis fuerzas,
Mi nostalgia
Mis esperanzas.
Me he marchado de la nada
Hacia la nada
Como si algo que estuvo a punto de llegar,
Se hubiese quedado atrapado en el segundo previo a nosotros,
Tragado por la bestia de la indiferencia,
Devorado por lo comúnmente ordinario,
Escupido en moribundo estado,
Fallecido antes del amanecer.
Me marcho Es necesaria mi huida,
Para evitar convertirme en la sombra de tu sutil abandono,
En esta ciudad nacida de tus palabras comprensivas,
Y ahogada por el latido indeciso de la Torre de Babel de tus ojos,
Olvidada en el último sótano del laberinto de los jeroglíficos de tu mente.
Es necesario dejar de ser sueño,
Para soslayar deambular en tu cosmos,
Y así poder por siempre marcharme,
Hacia la infinita tristeza, hacia el suspiro vacío
Me marché Pero te dejé el mapa de mis letras
No dejé de quererte en mi partida
Ni en mi llegada a esa ninguna parte,
Donde finalmente despierto
Y te olvido
Saludos a todos,
César