Évano
Libre, sin dioses.
Hoy desperté y mi espíritu quedó en el lecho
arropado con sueños, sueños que no recuerdo.
El alba es tenue, silencioso y sin olor;
creo que se ha dado cuenta que me levanté desnudo.
Avanza la mañana triste, sin nubes,
sin aire y con la luz todavía dormida.
Pienso que ninguno de ellos hoy se levantó,
que aún siguen soñando como el alma de mi cama.
El trinar de los pájaros a penas arriba,
caen como granos de arena a una hierba dormilona;
el viento no los lleva; quizás no esté tampoco.
Es raro pasear los huesos y la carne
por veredas de un río que no susurra.
Es raro no sentir el ánima de lo seres
que debían rodear este día tan extraño.
Quizás sea hoy mi verdad tras haber despertado.
Quizás el nicho de mi alma sea ese lecho
y ya no se adhiera nunca más a mí.
Hoy no hay nadie en el mundo;
el sol y la tierra y el agua y el cielo
han salido sólo por salir.
Nunca has estado, maldita sea, nunca has estado.
Y no sé quién es el que nunca ha estado,
si he sido yo, o tú, la que jamás quiso
abrazarme tanto y reventar de amor conmigo
sin importarle que la muerte sea ese abrazo.
¿Para qué quieres pasear los huesos y la carne por este mundo?
Creo que daré media vuelta e iré
a yacer junto a ese espíritu que sueña,
y que ya no sé si es el mío.
Quizás lo haga para siempre, si me deja.
arropado con sueños, sueños que no recuerdo.
El alba es tenue, silencioso y sin olor;
creo que se ha dado cuenta que me levanté desnudo.
Avanza la mañana triste, sin nubes,
sin aire y con la luz todavía dormida.
Pienso que ninguno de ellos hoy se levantó,
que aún siguen soñando como el alma de mi cama.
El trinar de los pájaros a penas arriba,
caen como granos de arena a una hierba dormilona;
el viento no los lleva; quizás no esté tampoco.
Es raro pasear los huesos y la carne
por veredas de un río que no susurra.
Es raro no sentir el ánima de lo seres
que debían rodear este día tan extraño.
Quizás sea hoy mi verdad tras haber despertado.
Quizás el nicho de mi alma sea ese lecho
y ya no se adhiera nunca más a mí.
Hoy no hay nadie en el mundo;
el sol y la tierra y el agua y el cielo
han salido sólo por salir.
Nunca has estado, maldita sea, nunca has estado.
Y no sé quién es el que nunca ha estado,
si he sido yo, o tú, la que jamás quiso
abrazarme tanto y reventar de amor conmigo
sin importarle que la muerte sea ese abrazo.
¿Para qué quieres pasear los huesos y la carne por este mundo?
Creo que daré media vuelta e iré
a yacer junto a ese espíritu que sueña,
y que ya no sé si es el mío.
Quizás lo haga para siempre, si me deja.
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