Hoy quiero escribirte
pero no hallo que decirte,
por lo oscura que es la noche
gobernada por la luna en el horizonte.
En el horizonte, se ven los peñeros
que pescan arco iris y sueños,
después de usar por carnada un anhelo
ensartado en un pequeño anzuelo.
Un pequeño anzuelo, atrapó a mí querer
que estaba olvidado e el baúl del ayer
llorando tristemente, sin saber por qué
las nubes vuelan y se van sin su amanecer.
Sin su amanecer se quedo el güacharo.
por vivir en esa cueva,
por hacer tanto escándalo,
por simplemente ser un espíritu noctámbulo.
Espíritu noctámbulo es el de la parranda,
que cada noche bebe y luego se emborracha,
amaneciendo todos los eternos días
mirando su próxima cerveza fría.
Cerveza fría bebí en aquella playa,
en la que pesqué ingenuamente con atarraya
un sentimiento de lejano consuelo,
que me acercó imaginariamente a tus cabellos negros.
Con tus cabellos negros, tejí mi hamaca
en la que duermo cada noche guindado de la vía Láctea
quien durante una noche clara,
me regaló cincuenta luceros fugaces.
Luceros fugaces son tus ojos querida,
así lo siento cada vez que me miras,
obligándome con ello a pintarme una sonrisa
usando aquel pincel que me regalo la brisa.
La brisa es mi compañera de viaje
y me ayuda cada noche a recordar mi valle,
acercándome a ti sutilmente, para que no te extrañe
al escuchar las suaves olas del mar cantar.
Cantar es lo que hago al pensar en ti,
cada noche del mes de abril
en las que observo la luna rodeada de estrellas,
hechizado lánguidamente, por el canto de una sirena.
Pero el canto de una sirena es algo ridículo
comparado con tu risa de alegre hada,
que me recuerda la felicidad de mi vida iniciada
en un bello otoño de hojas anaranjadas.
En hojas anaranjadas, hoy quiero escribirte,
pero lamentablemente, no hallo que decirte;
es por eso que te doy este breve poema,
para expresarte cuanto te quiero,
para regalarte una estrella.::
::::
::::
::
pero no hallo que decirte,
por lo oscura que es la noche
gobernada por la luna en el horizonte.
En el horizonte, se ven los peñeros
que pescan arco iris y sueños,
después de usar por carnada un anhelo
ensartado en un pequeño anzuelo.
Un pequeño anzuelo, atrapó a mí querer
que estaba olvidado e el baúl del ayer
llorando tristemente, sin saber por qué
las nubes vuelan y se van sin su amanecer.
Sin su amanecer se quedo el güacharo.
por vivir en esa cueva,
por hacer tanto escándalo,
por simplemente ser un espíritu noctámbulo.
Espíritu noctámbulo es el de la parranda,
que cada noche bebe y luego se emborracha,
amaneciendo todos los eternos días
mirando su próxima cerveza fría.
Cerveza fría bebí en aquella playa,
en la que pesqué ingenuamente con atarraya
un sentimiento de lejano consuelo,
que me acercó imaginariamente a tus cabellos negros.
Con tus cabellos negros, tejí mi hamaca
en la que duermo cada noche guindado de la vía Láctea
quien durante una noche clara,
me regaló cincuenta luceros fugaces.
Luceros fugaces son tus ojos querida,
así lo siento cada vez que me miras,
obligándome con ello a pintarme una sonrisa
usando aquel pincel que me regalo la brisa.
La brisa es mi compañera de viaje
y me ayuda cada noche a recordar mi valle,
acercándome a ti sutilmente, para que no te extrañe
al escuchar las suaves olas del mar cantar.
Cantar es lo que hago al pensar en ti,
cada noche del mes de abril
en las que observo la luna rodeada de estrellas,
hechizado lánguidamente, por el canto de una sirena.
Pero el canto de una sirena es algo ridículo
comparado con tu risa de alegre hada,
que me recuerda la felicidad de mi vida iniciada
en un bello otoño de hojas anaranjadas.
En hojas anaranjadas, hoy quiero escribirte,
pero lamentablemente, no hallo que decirte;
es por eso que te doy este breve poema,
para expresarte cuanto te quiero,
para regalarte una estrella.::
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