A
absorto ganimedes
Invitado
Hoy te abandono en las garras del oscuro fuego,
Efímeros, someros, absurdos los tres,
Lejos de ser lo frío que pensaba iba a ser,
Quemó mis ojos, mi médula,
No lo entiendo.....
Pero tampoco entiendo tus cifras
Hoy mueres en las garras del refulgente fuego,
Lloro que mueran tus letras y no tus recuerdos,
Odio que ardan tus palabras y no tus entrañas.
Pero comprendo ya esta situación,
Si es que acaso algo se puede entender,
Tus hojas fueron mucho más que tu cuerpo,
Tu recuerdo harto más grande que mi querer.
Resbala en mi sangre el bolígrafo,
Golpeo con hierro todo mi ser,
No entiendo por qué ya no te he de querer,
Pues no creo haberte amado..
No tengo la certidumbre del por qué
De estas líneas de aprendiz de poeta.
No lo entiendo...
Pero tampoco entiendo tus cifras
¡Oh musas!, ¿por qué me abandonan?,
no me dejen solo en mi soledad,
recurrente, no menos inocua banalidad,
en mis versos, en mi vida, en mi sopor hacia la postrera
(¿postrera ha de ser?)
No entiendo...
poco importa ya,
pues no entiendo tus cifras,
pues no entiendo las mías
Efímeros, someros, absurdos los tres,
Lejos de ser lo frío que pensaba iba a ser,
Quemó mis ojos, mi médula,
No lo entiendo.....
Pero tampoco entiendo tus cifras
Hoy mueres en las garras del refulgente fuego,
Lloro que mueran tus letras y no tus recuerdos,
Odio que ardan tus palabras y no tus entrañas.
Pero comprendo ya esta situación,
Si es que acaso algo se puede entender,
Tus hojas fueron mucho más que tu cuerpo,
Tu recuerdo harto más grande que mi querer.
Resbala en mi sangre el bolígrafo,
Golpeo con hierro todo mi ser,
No entiendo por qué ya no te he de querer,
Pues no creo haberte amado..
No tengo la certidumbre del por qué
De estas líneas de aprendiz de poeta.
No lo entiendo...
Pero tampoco entiendo tus cifras
¡Oh musas!, ¿por qué me abandonan?,
no me dejen solo en mi soledad,
recurrente, no menos inocua banalidad,
en mis versos, en mi vida, en mi sopor hacia la postrera
(¿postrera ha de ser?)
No entiendo...
poco importa ya,
pues no entiendo tus cifras,
pues no entiendo las mías