JoseM
Poeta recién llegado
Hoy a un año del partir de la abuela
hacia mas allá de las estrellas,
entre la gente agolpada,
desde la parte alta del camino te vi venir.
Por instantes una alfombra de estrellas pude ver
y como la diosa del campo
radiante de luz hacia mí venías caminando.
En tus brazos traías a un ángel
que en la ruta de los dioses alcanzaste.
Cuando quería correr y abrazarte,
me sentí paralizado sin poder hacer nada;
cuando quería romper un año de silencio,
me quede sin poder pronunciar una palabra.
El color de miel radiante de tus ojos,
era apacible a mis angustias;
tu cara como el sol de la mañana,
iluminaba la inocencia en tu regazo
mientras a mis temores te ibas acercando.
Mis sentimientos se desbocaron,
y se agolparon en mis sienes,
estabas increíblemente junto a mí.
Con el mundo girando a mí alrededor,
mis fuerzas vinieron ayudadas desde el cielo
y con la señal de la cruz agradecido,
al fin pude abrazarlas a las dos.
Mis lagrimas, aliviaron el calor de tu piel
que como brazas candentes quemaban mí pecho,
lacerado y agobiado por tu ausencia.
Y como respirando mi ultimo aliento,
muy trémulo pude decirte al oído:
aun te sigo amando vida mía,
te querré hasta mas allá de las estrellas.
hacia mas allá de las estrellas,
entre la gente agolpada,
desde la parte alta del camino te vi venir.
Por instantes una alfombra de estrellas pude ver
y como la diosa del campo
radiante de luz hacia mí venías caminando.
En tus brazos traías a un ángel
que en la ruta de los dioses alcanzaste.
Cuando quería correr y abrazarte,
me sentí paralizado sin poder hacer nada;
cuando quería romper un año de silencio,
me quede sin poder pronunciar una palabra.
El color de miel radiante de tus ojos,
era apacible a mis angustias;
tu cara como el sol de la mañana,
iluminaba la inocencia en tu regazo
mientras a mis temores te ibas acercando.
Mis sentimientos se desbocaron,
y se agolparon en mis sienes,
estabas increíblemente junto a mí.
Con el mundo girando a mí alrededor,
mis fuerzas vinieron ayudadas desde el cielo
y con la señal de la cruz agradecido,
al fin pude abrazarlas a las dos.
Mis lagrimas, aliviaron el calor de tu piel
que como brazas candentes quemaban mí pecho,
lacerado y agobiado por tu ausencia.
Y como respirando mi ultimo aliento,
muy trémulo pude decirte al oído:
aun te sigo amando vida mía,
te querré hasta mas allá de las estrellas.