baas
Poeta recién llegado
Un simple sabor que mi mente evoca
ha provocado miles de recuerdos,
estas ahí, sentada en el silencio,
acariciando con suavidad tus dedos.
Pareciera que fue ayer cuando acariciabas mi rostro
Con la ternura que solo una madre lo hace.
Buscabas reconocerme con el tacto y,
preguntabas con ternura quien era.
Tú ya no podías mirarme,
El tiempo había desgastado tu vista,
pero solías bromear con las tragedias
Y reír disgustada de lo que no te agradaba.
La “patrona” te llamaban,
pero no eras dueña ni de tu vida,
aún con eso te respetaban,
fuiste grande aun tan diminuta.
Te hacíamos bromas para alegrarte
Y tú mi señora hermosa, con
tu siempre sonrisa nerviosa,
y la frágil voz quebradiza.
Te escucho en mis locos silencios
que me susurras no sé qué cosas…
estas en mis sueños y en todas mis cosas,
te vas, te quedas, me dejas y te detienes.
¿Dónde estás?
Si tan solo pudieras decirme como te encuentras,
¿acaso hay un cielo para alcanzarte?
Nunca te dije que te amo
no sabíamos de esas cosas
pero muchos abrazos si nos dimos,
y sabíamos con ello lo que significa.
Siempre decías,
“me despido de ti por si no vuelvo a verte”
y yo te hacia bromas,
todo para evitar las lágrimas.
¡Hace falta escucharte!
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