Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Hoy te vi...
Hoy te vi en tu desnudez,
te vi como nunca te había visto,
tras la luz y delante de ella.
Te vi habiéndome retirado
los lentes del miedo, del odio,
del amor, y el desamor.
Te vi sin temores
perdiéndote en la fresca
mañana llena de rocío y verdor.
Te vi y quise tocarte,
Besarte, acariciarte, hablarte,
contemplarte hasta la eternidad.
Y mis pasos se alejaron
y tras de sí, se derramaba el aroma del olvido,
tan fuerte , tan penetrante al olfato,
a la entraña como verde sisaña.
Otro, otro, tan disímil,
tan distante , tan lejano
caminaba a mi lado.
Las nubes jugaban,
se unían y desaparecían
las blancas y rojas rosas del verano,
es que había llegado el invierno .
Arrullando mi frio,
lo único que me importa es que hoy te vi,
y en mi ventana se había posado
una blanca, una hermosa, paloma.
Hoy te vi en tu desnudez,
te vi como nunca te había visto,
tras la luz y delante de ella.
Te vi habiéndome retirado
los lentes del miedo, del odio,
del amor, y el desamor.
Te vi sin temores
perdiéndote en la fresca
mañana llena de rocío y verdor.
Te vi y quise tocarte,
Besarte, acariciarte, hablarte,
contemplarte hasta la eternidad.
Y mis pasos se alejaron
y tras de sí, se derramaba el aroma del olvido,
tan fuerte , tan penetrante al olfato,
a la entraña como verde sisaña.
Otro, otro, tan disímil,
tan distante , tan lejano
caminaba a mi lado.
Las nubes jugaban,
se unían y desaparecían
las blancas y rojas rosas del verano,
es que había llegado el invierno .
Arrullando mi frio,
lo único que me importa es que hoy te vi,
y en mi ventana se había posado
una blanca, una hermosa, paloma.