Artémida
Poeta recién llegado
Cuánto caminar para llegar a tu morada,
cuántas veces el reloj marcó la hora indicada,
y no fue hasta hoy que pude hallarte
en esta ciudad de almas vagas...
Recorriendo estas calles que no son las mías,
visitando una casa que no es la tuya...
mil ojos me miran con párpados cerrados
y mil oídos sordos oyen mi caminar lento.
Algún pecho solloza a lo lejos,
alguna lágrima hace estruendo en este silencio inmenso...
y al fin veo tu rostro inmóvil que me observa a la distancia,
y al fin cuento los pasos para alcanzarte.
Pero tu sonrisa permanece irónica, congelada,
ante estos vidriosos ojos que te miran...
que te miran y te añoran,
que te observan y te recuerdan.
Ahora dime, ahora que ya tu vida es pasado:
cuántas veces tuviste que montar ese teatro?
cuántas veces engañaste con esa misma sonrisa?
cuántas veces fue felizmente genuina?
Puedes contarme, hoy ya comprendo,
conozco más tu esencia que tu propia vida...
y sé que te sientes sola creyéndote en el olvido.
Pero mírame una vez más,
no descreas lo que te digo, lo que te grito en silencio,
aquí rendida ante este frío muro
que separa mi respiración de tu cuerpo inerte,
ante estas flores muertas que sedientas aguardaron,
ante esta pequeña araña que para ti ha tejido.
Siente hoy mi desesperada tristeza,
pero alégrate porque te he querido más que a la vida,
pídele que te cuente cuán presente y futuro es mi cariño,
no permitas que mi pasado de niña te enceguezca.
Hoy he traído nuevas flores de tu jardín colorido,
que con su viveza imitan esa sonrisa congelada...
Pero qué muertas están sin sus raíces!
Qué semejanza con tu rostro inmaculado!
Dios no permita que me gane el llanto,
el ansia de tu abrazo materno, solemne refugio.
Dios me ayude a despegar las rodillas
que se han hundido en este negro suelo que te contiene.
Y no me deje Dios seguir acariciando tu nombre,
inscripto en este mármol lúgubre que te rodea.
Quizá antes de irme te suplique perdón nuevamente,
quizá ya te has cansado de mi arrepentimiento.
Pero perdóname hoy por dejarte a mis espaldas,
aunque sé que observas mis pasos desde la altura.
Es que me provocan tanto dolor tus huesos!
Esos mismos huesos que una vez contuvieron mi cuerpo...
pero es todo lo que queda de ti aquí,
convénceme por favor de esta verdad.
Porque sé que finalmente conoces la felicidad,
que vives a Su lado riendo al fin.
Convénceme! porque sólo en esa verdad
encuentro las fuerzas para cruzar estas rejas.
Porque me acompañe o no la convicción debo irme,
volver a la vida, y tú al recuerdo...
aún si la calles estén llenas de nada,
y aunque tu muerte signifique que tu vida es más eterna que mi propia vida.
cuántas veces el reloj marcó la hora indicada,
y no fue hasta hoy que pude hallarte
en esta ciudad de almas vagas...
Recorriendo estas calles que no son las mías,
visitando una casa que no es la tuya...
mil ojos me miran con párpados cerrados
y mil oídos sordos oyen mi caminar lento.
Algún pecho solloza a lo lejos,
alguna lágrima hace estruendo en este silencio inmenso...
y al fin veo tu rostro inmóvil que me observa a la distancia,
y al fin cuento los pasos para alcanzarte.
Pero tu sonrisa permanece irónica, congelada,
ante estos vidriosos ojos que te miran...
que te miran y te añoran,
que te observan y te recuerdan.
Ahora dime, ahora que ya tu vida es pasado:
cuántas veces tuviste que montar ese teatro?
cuántas veces engañaste con esa misma sonrisa?
cuántas veces fue felizmente genuina?
Puedes contarme, hoy ya comprendo,
conozco más tu esencia que tu propia vida...
y sé que te sientes sola creyéndote en el olvido.
Pero mírame una vez más,
no descreas lo que te digo, lo que te grito en silencio,
aquí rendida ante este frío muro
que separa mi respiración de tu cuerpo inerte,
ante estas flores muertas que sedientas aguardaron,
ante esta pequeña araña que para ti ha tejido.
Siente hoy mi desesperada tristeza,
pero alégrate porque te he querido más que a la vida,
pídele que te cuente cuán presente y futuro es mi cariño,
no permitas que mi pasado de niña te enceguezca.
Hoy he traído nuevas flores de tu jardín colorido,
que con su viveza imitan esa sonrisa congelada...
Pero qué muertas están sin sus raíces!
Qué semejanza con tu rostro inmaculado!
Dios no permita que me gane el llanto,
el ansia de tu abrazo materno, solemne refugio.
Dios me ayude a despegar las rodillas
que se han hundido en este negro suelo que te contiene.
Y no me deje Dios seguir acariciando tu nombre,
inscripto en este mármol lúgubre que te rodea.
Quizá antes de irme te suplique perdón nuevamente,
quizá ya te has cansado de mi arrepentimiento.
Pero perdóname hoy por dejarte a mis espaldas,
aunque sé que observas mis pasos desde la altura.
Es que me provocan tanto dolor tus huesos!
Esos mismos huesos que una vez contuvieron mi cuerpo...
pero es todo lo que queda de ti aquí,
convénceme por favor de esta verdad.
Porque sé que finalmente conoces la felicidad,
que vives a Su lado riendo al fin.
Convénceme! porque sólo en esa verdad
encuentro las fuerzas para cruzar estas rejas.
Porque me acompañe o no la convicción debo irme,
volver a la vida, y tú al recuerdo...
aún si la calles estén llenas de nada,
y aunque tu muerte signifique que tu vida es más eterna que mi propia vida.