''Cuando haces el amor devienes ladrón por un instante,
Y cuando amas devuelves a la mujer lo robado en tiempos
de sexo.
En el fondo, el sexo, es un robo indefinido lleno de vanidad
y codicia masculina.Tan pronto cesa el descarado impulso
surgen otros buscando islas para vaciarlas de contenido.
Con el amor, el hombre,- sin saberlo- tributa a su especie
devolviendo a la mujer las joyas de las que nacerán los hijos.
Ese es el verdadero caminar ancestral del hombre y su
más pleno sentido. Así el hombre cree conquistar naciones
y con su simpleza le conquistan a él sus instintos.
Así en el amor entregas y en el sexo tomas con la vanidad
y codicia de los piratas deseosos de tesoros de mujer.
Todo tiene un alto precio,¡ y qué precio tan hermoso!''
Por diversas razones marché. Primero, provisionalmente, a la casa badía
de un pequeño pueblo que ,más tarde ,me sirvió de trampolín para trasladarme
a la playa.
Era una enorme casa de más de quinientos años y el cura no quería alquilármela
por estar en mal estato. Un conocido del arzobispado -D. E.....- intervino.
Le estaré eternamente agradecido.
Haciendo obra apareció un agujero y un túnel subterráneo que escondía pasados
tenebrosos. No hablaré aquí de ellos.
Pero desde aquel día tuve miedo si me quedaba trabajando por las noches.
Escuchaba a veces una música lejana y risas de un niño. Subí un día con una linterna
a las antiquísimas andanas que le daban la vuelta por arriba a la iglesia.
A altas horas de la noche ,escuché un piano claramente: Inconfun-
dible nocturna op 27 n2 de chopin.
Eran unos techos altísimos y por un agujero alto de la pared pude ver por dentro
la iglesia con asombro.
El hombre llevaba una antigua trenca con pasadores - hacía frío- y estaban abrazados.
La mujer, de avanzada edad, era atractiva, un tanto morena, no mucho, y no muy
alta. Pero muy guapa y cabellos negros y largos. El, con ojos verdes, de esos hombres
tímidos que sacan todo su enérgico brillo concentrado en los ojos. De esos hombres con una
belleza masculina que no pasa desapercibida a la mujer de sano juicio.
Supe después que ella no era del pueblo y él os podeis imaginar quien era.
Le besaba la frentre y las mejillas, le undía los dedos en sus cabellos al tiempo
que le sujetaba fuertemente su cara con las manos.
Aquella noche de invierno comprendí la pasión, el amor y la ternura. No podeis imaginar cómo me conmovía esa manera de besarla. Ella enloquecía.
Le estampó un beso que el mundo a mi alrededor se volvió húmedo: Una sauna
vaporosa llena de amor.
El resto de cosas no las cuento. Sería para mi ilícito desvelar una pasión como aquella; el secreto prohibido me lo guardo en mi interior para siempre.
Y cuando amas devuelves a la mujer lo robado en tiempos
de sexo.
En el fondo, el sexo, es un robo indefinido lleno de vanidad
y codicia masculina.Tan pronto cesa el descarado impulso
surgen otros buscando islas para vaciarlas de contenido.
Con el amor, el hombre,- sin saberlo- tributa a su especie
devolviendo a la mujer las joyas de las que nacerán los hijos.
Ese es el verdadero caminar ancestral del hombre y su
más pleno sentido. Así el hombre cree conquistar naciones
y con su simpleza le conquistan a él sus instintos.
Así en el amor entregas y en el sexo tomas con la vanidad
y codicia de los piratas deseosos de tesoros de mujer.
Todo tiene un alto precio,¡ y qué precio tan hermoso!''
Por diversas razones marché. Primero, provisionalmente, a la casa badía
de un pequeño pueblo que ,más tarde ,me sirvió de trampolín para trasladarme
a la playa.
Era una enorme casa de más de quinientos años y el cura no quería alquilármela
por estar en mal estato. Un conocido del arzobispado -D. E.....- intervino.
Le estaré eternamente agradecido.
Haciendo obra apareció un agujero y un túnel subterráneo que escondía pasados
tenebrosos. No hablaré aquí de ellos.
Pero desde aquel día tuve miedo si me quedaba trabajando por las noches.
Escuchaba a veces una música lejana y risas de un niño. Subí un día con una linterna
a las antiquísimas andanas que le daban la vuelta por arriba a la iglesia.
A altas horas de la noche ,escuché un piano claramente: Inconfun-
dible nocturna op 27 n2 de chopin.
Eran unos techos altísimos y por un agujero alto de la pared pude ver por dentro
la iglesia con asombro.
El hombre llevaba una antigua trenca con pasadores - hacía frío- y estaban abrazados.
La mujer, de avanzada edad, era atractiva, un tanto morena, no mucho, y no muy
alta. Pero muy guapa y cabellos negros y largos. El, con ojos verdes, de esos hombres
tímidos que sacan todo su enérgico brillo concentrado en los ojos. De esos hombres con una
belleza masculina que no pasa desapercibida a la mujer de sano juicio.
Supe después que ella no era del pueblo y él os podeis imaginar quien era.
Le besaba la frentre y las mejillas, le undía los dedos en sus cabellos al tiempo
que le sujetaba fuertemente su cara con las manos.
Aquella noche de invierno comprendí la pasión, el amor y la ternura. No podeis imaginar cómo me conmovía esa manera de besarla. Ella enloquecía.
Le estampó un beso que el mundo a mi alrededor se volvió húmedo: Una sauna
vaporosa llena de amor.
El resto de cosas no las cuento. Sería para mi ilícito desvelar una pasión como aquella; el secreto prohibido me lo guardo en mi interior para siempre.
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