Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, con tanto ahincó,
con tanto esmero, que logré escuchar tu voz en mi oído,
diciéndome te quiero.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que sentí tu abrazo
anhelado, que me cobijaba, que me protegía, que me
consolaba, que me sostenía.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que miré tu mano
entrelazada a la mía, que me acariciaba, que me bendecía.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que vi, me sonreías, me
animabas, me veías.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza… que, desde este día,
llevo tu sonrisa pegada a la mía. Y cuando me invade
la tristeza y la melancolía, me miro en el espejo,
como tu querías.
con tanto esmero, que logré escuchar tu voz en mi oído,
diciéndome te quiero.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que sentí tu abrazo
anhelado, que me cobijaba, que me protegía, que me
consolaba, que me sostenía.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que miré tu mano
entrelazada a la mía, que me acariciaba, que me bendecía.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza, que vi, me sonreías, me
animabas, me veías.
Hoy… Te extrañé con tanta fuerza… que, desde este día,
llevo tu sonrisa pegada a la mía. Y cuando me invade
la tristeza y la melancolía, me miro en el espejo,
como tu querías.