Alejandro Leza
Poeta recién llegado
En tu playa,
sentada entre ramos de rosas saladas,
esperando la caricia piadosa,
el olvido que cura esas heridas
en las noches ausentes de dolor;
arrullando lágrimas que se hunden en la arena,
sacudiendo el pelo que vuela libre
en compañía de una promesa.
Tus sueños teñidos con rojo venido del cielo,
se parece a la sangre vertida
en un lienzo tejido con hilos de ayeres,
marchitos y que tanto duelen.
Descose tus ropas,
que la piel se moje con el agua de mis ojos
que quieren llevarte a mi vida nueva.
Cura el corazón con el velo de fe
que se extiende a tus pies,
y permite que acompañe tus pasos a cada mañana.
¡Déjame entrar!
Deja que sople con cariño
las brasas que aún me recuerdan,
¡Deja que tome tu mano!
Recorramos unidos
el sendero cubierto con granos ceñidos,
y plasmemos en ellos...
Una huella de amor.
sentada entre ramos de rosas saladas,
esperando la caricia piadosa,
el olvido que cura esas heridas
en las noches ausentes de dolor;
arrullando lágrimas que se hunden en la arena,
sacudiendo el pelo que vuela libre
en compañía de una promesa.
Tus sueños teñidos con rojo venido del cielo,
se parece a la sangre vertida
en un lienzo tejido con hilos de ayeres,
marchitos y que tanto duelen.
Descose tus ropas,
que la piel se moje con el agua de mis ojos
que quieren llevarte a mi vida nueva.
Cura el corazón con el velo de fe
que se extiende a tus pies,
y permite que acompañe tus pasos a cada mañana.
¡Déjame entrar!
Deja que sople con cariño
las brasas que aún me recuerdan,
¡Deja que tome tu mano!
Recorramos unidos
el sendero cubierto con granos ceñidos,
y plasmemos en ellos...
Una huella de amor.