Teo Moran
Poeta fiel al portal
Quedan atrás las espigas cortadas
en los campos agostados en el relieve,
tiñen con su moribunda estampa
el camino que tras el olivar se muere.
Son púas afiladas que se amodorran
en la sombra de los alicaídos almendros
que resucitan en el latir del paraje desolado.
¡Y son el llanto y la deriva del río seco
que con su quietud forma en la memoria
el atuendo de su alma en el recuerdo!
Pintan con su melancolía garabateada
lances de un tiempo forjado a fuego
y tras de ellos el trigo es el reclamo
de los amantes que caminan en silencio
mientras sus huellas débiles se borran
en la esperanza y en la fe del amor
que muere con cada espiga cortada.
Quedan atrás los domingos de verano
cuando oírte era parte de aquella imagen,
quedan atrás los días en los caminos
que hierven con su confesión velada
en la cadencia de un río seco en el alma
que en su propia necesidad nos olvida.
en los campos agostados en el relieve,
tiñen con su moribunda estampa
el camino que tras el olivar se muere.
Son púas afiladas que se amodorran
en la sombra de los alicaídos almendros
que resucitan en el latir del paraje desolado.
¡Y son el llanto y la deriva del río seco
que con su quietud forma en la memoria
el atuendo de su alma en el recuerdo!
Pintan con su melancolía garabateada
lances de un tiempo forjado a fuego
y tras de ellos el trigo es el reclamo
de los amantes que caminan en silencio
mientras sus huellas débiles se borran
en la esperanza y en la fe del amor
que muere con cada espiga cortada.
Quedan atrás los domingos de verano
cuando oírte era parte de aquella imagen,
quedan atrás los días en los caminos
que hierven con su confesión velada
en la cadencia de un río seco en el alma
que en su propia necesidad nos olvida.