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En su mesura, el hombre prudente
dejará atrás la aridez del desierto
con su caminar lento y responsable,
nunca forjará la huella de su paso
en la blanca arena bajo la luz del sol,
aunque al final de los médanos altos
se hallara los latidos de su corazón.
El hombre sabio con su lógica racional
bordeará despacio el vasto desierto
sin que su canícula le dañe la piel,
y aunque su hogar se halle lejano
se guiará por el mapa estelar
seguro de que alcanzará su destino.
El hombre que no tiene nada que perder
no hará caso al peligro del desierto,
tirará su ropa y descalzo correrá
delirando en pos de un espejismo,
porque el que nada tiene no tiene miedo
y solo hace caso a una ilusión.
El hombre enamorado mira al desierto
y en sus ojos brilla la esperanza,
sonríe ante el angostamiento vacío
y con determinación se adentra
en las entrañas de una ensoñación,
mas aunque encuentre la salida
él solo hará caso a sus alegres latidos,
creará un hermoso y dulce vergel
entre las dunas áridas, bajo el sol,
llenará sus manos con el agua clara
nacida de lo más hondo de su corazón,
y vivirá feliz en medio del desierto
con solo el espejismo de su amor.
En su mesura, el hombre prudente
dejará atrás la aridez del desierto
con su caminar lento y responsable,
nunca forjará la huella de su paso
en la blanca arena bajo la luz del sol,
aunque al final de los médanos altos
se hallara los latidos de su corazón.
El hombre sabio con su lógica racional
bordeará despacio el vasto desierto
sin que su canícula le dañe la piel,
y aunque su hogar se halle lejano
se guiará por el mapa estelar
seguro de que alcanzará su destino.
El hombre que no tiene nada que perder
no hará caso al peligro del desierto,
tirará su ropa y descalzo correrá
delirando en pos de un espejismo,
porque el que nada tiene no tiene miedo
y solo hace caso a una ilusión.
El hombre enamorado mira al desierto
y en sus ojos brilla la esperanza,
sonríe ante el angostamiento vacío
y con determinación se adentra
en las entrañas de una ensoñación,
mas aunque encuentre la salida
él solo hará caso a sus alegres latidos,
creará un hermoso y dulce vergel
entre las dunas áridas, bajo el sol,
llenará sus manos con el agua clara
nacida de lo más hondo de su corazón,
y vivirá feliz en medio del desierto
con solo el espejismo de su amor.
En su mesura, el hombre prudente
dejará atrás la aridez del desierto
con su caminar lento y responsable,
nunca forjará la huella de su paso
en la blanca arena bajo la luz del sol,
aunque al final de los médanos altos
se hallara los latidos de su corazón.
El hombre sabio con su lógica racional
bordeará despacio el vasto desierto
sin que su canícula le dañe la piel,
y aunque su hogar se halle lejano
se guiará por el mapa estelar
seguro de que alcanzará su destino.
El hombre que no tiene nada que perder
no hará caso al peligro del desierto,
tirará su ropa y descalzo correrá
delirando en pos de un espejismo,
porque el que nada tiene no tiene miedo
y solo hace caso a una ilusión.
El hombre enamorado mira al desierto
y en sus ojos brilla la esperanza,
sonríe ante el angostamiento vacío
y con determinación se adentra
en las entrañas de una ensoñación,
mas aunque encuentre la salida
él solo hará caso a sus alegres latidos,
creará un hermoso y dulce vergel
entre las dunas áridas, bajo el sol,
llenará sus manos con el agua clara
nacida de lo más hondo de su corazón,
y vivirá feliz en medio del desierto
con solo el espejismo de su amor.