El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Del blanco corazón de la cañada
se nutren los latidos de mi senda;
vacía, y nunca más me vi tan llena,
sintiendo solo el paso que me arrastra.
Las vistas son promesas que diáfanas
animan a creer, la angustia cesa
y el miedo se cuestiona su existencia:
¿por qué sobrecargar a las espaldas?
Libéranse mis huellas de sus normas
(el eco del buen viento las anima)
y advierto que al dejar atrás las sombras
mi sangre como río fluye viva.
¡Del blanco corazón, agua de roca!
Jamás yo la sentí tanto y tan mía.
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