Guilla Izquierdo Reinoso
Poeta recién llegado
Si ante un conflicto estás
que no te deja dormir en paz,
he aquí varias huellas
para recuperar una amistad.
De rodillas ve ante Dios.
Preséntale el problema que se te formó
cuando el amigo o la amiga te falló,
o si fuiste tú quien lo provocó.
Antes de ir con el chisme ante un segundo
presenta el conflicto en oración.
Verás que rápido actúa Dios.
Tú y la otra persona pueden cambiar de opinión
y el conflicto recibirá inmediata solución.
La iniciativa siempre toma.
Nunca espere por la otra persona.
Preséntate tu primero ante ella
sin tomar en cuenta quien ofendiera.
Si esto bien hiciera, un gran humano fuera.
El tomar la iniciativa es señal de valentía.
El no hacerlo es pura cobardía.
Antes de resolver un desacuerdo
escucha y analiza bien los sentimientos
de la persona con la que no tienes entendimiento,
quizás son muchos sus lamentos
y vive en un silencioso sufrimiento.
Confiesa tu parte en el conflicto.
Deja de inventar excusa como un lorito,
si interés tienes de restaurar esa amistad
y deseos de recuperar tu tranquilidad.
¿Cómo pretendes mirar los defectos en los demás,
si en tu ojo una tremenda viga está?
¿Cómo pretendes restaurar una amistad
sino puedes ver tu culpabilidad?
Echa primero de tu ojo la viga
para que puedas ver con claridad
la astilla que en el ojo de tu prójimo está
y puedas restaurar la amistad.
No pretendas los guantes usar
para a la otra persona atacar
pretendiendo el conflicto solucionar.
Ataca al problema si la paz quiere lograr.
Coopera tanto como puedas.
Procura la paz siempre que de ti dependa.
Buscar culpables solución no conlleva,
a empeorar la situación es que se llega.
Has un PARE en la reconciliación.
Nunca te detengas en la solución.
Recuperar una amistad es un gran don.
Después de un conflicto tiene mayor duración.
Eso fue lo que hizo Dios,
restaurar la mistad que en el huerto se perdió
cuando el humano le desobedeció.
Por medio de Cristo nos reconcilió.
Ahora todos podemos ser amigos de Dios.
Aprendiendo de él, el perdón.
Olvidando las ofensas de quien nos ofendió.
Dándole una nueva oportunidad al amor.
Rescatando el amigo o la amiga
que un día, para quedarse, a nuestro corazón llegó.
que no te deja dormir en paz,
he aquí varias huellas
para recuperar una amistad.
De rodillas ve ante Dios.
Preséntale el problema que se te formó
cuando el amigo o la amiga te falló,
o si fuiste tú quien lo provocó.
Antes de ir con el chisme ante un segundo
presenta el conflicto en oración.
Verás que rápido actúa Dios.
Tú y la otra persona pueden cambiar de opinión
y el conflicto recibirá inmediata solución.
La iniciativa siempre toma.
Nunca espere por la otra persona.
Preséntate tu primero ante ella
sin tomar en cuenta quien ofendiera.
Si esto bien hiciera, un gran humano fuera.
El tomar la iniciativa es señal de valentía.
El no hacerlo es pura cobardía.
Antes de resolver un desacuerdo
escucha y analiza bien los sentimientos
de la persona con la que no tienes entendimiento,
quizás son muchos sus lamentos
y vive en un silencioso sufrimiento.
Confiesa tu parte en el conflicto.
Deja de inventar excusa como un lorito,
si interés tienes de restaurar esa amistad
y deseos de recuperar tu tranquilidad.
¿Cómo pretendes mirar los defectos en los demás,
si en tu ojo una tremenda viga está?
¿Cómo pretendes restaurar una amistad
sino puedes ver tu culpabilidad?
Echa primero de tu ojo la viga
para que puedas ver con claridad
la astilla que en el ojo de tu prójimo está
y puedas restaurar la amistad.
No pretendas los guantes usar
para a la otra persona atacar
pretendiendo el conflicto solucionar.
Ataca al problema si la paz quiere lograr.
Coopera tanto como puedas.
Procura la paz siempre que de ti dependa.
Buscar culpables solución no conlleva,
a empeorar la situación es que se llega.
Has un PARE en la reconciliación.
Nunca te detengas en la solución.
Recuperar una amistad es un gran don.
Después de un conflicto tiene mayor duración.
Eso fue lo que hizo Dios,
restaurar la mistad que en el huerto se perdió
cuando el humano le desobedeció.
Por medio de Cristo nos reconcilió.
Ahora todos podemos ser amigos de Dios.
Aprendiendo de él, el perdón.
Olvidando las ofensas de quien nos ofendió.
Dándole una nueva oportunidad al amor.
Rescatando el amigo o la amiga
que un día, para quedarse, a nuestro corazón llegó.