infeliz?
Feliz
¿De dónde llegas tú, que deviene la noche en un milagro
de movimiento y sepia?
¿Eres un ángel triste en el abrazo eterno,
o acaso un espejismo en el desierto
que pueblo sin ser nadie?
Yo te sentí en el lecho y en el aire,
como la inercia que abre mil espigas
y granan mil anémonas de barro.
Mi nombre es Alejandro y no soy nadie.
Yo soy un haz de aliento inacabado,
que cuaja en la semilla de los justos
y me comen mis propios tegumentos.
Dame, dame a probar tus branquias rosadas,
porque yo soy la luz que te hace libre,
yo te esperaba lejos de la noche
para darte las rosas que abre el alba.
Las rosas que yo llevo son tan negras,
que tuve que cortarlas con la vida cerrada.
Dame, dame amor mío, tus manos heridas.
No, que pueden quebrarse en este frío.
Mis manos son cuchillos de hielo
que pueden sangrar los humores malignos.
Mi pecho es una tumba de polvo de luna
que quiere teñirse al sol de tus rosas.
Toma y da sentido a este presente,
que viene aderezado con tarjeta de muerte.
Tu muerte es una sombra en la cegadora noche.
Vamos a cobijarnos de una vida reseca,
con el aroma tibio de las flores más yertas.
Vamos amada, al huerto donde nacen las zarzas
y sangrar es un fruto sepultado en el vientre de la nada.
Comamos de esta dicha de corazones pétreos
y cuerpos arruinados,
para albergar remansos en el musgo
y sueños matizados de violeta.
de movimiento y sepia?
¿Eres un ángel triste en el abrazo eterno,
o acaso un espejismo en el desierto
que pueblo sin ser nadie?
Yo te sentí en el lecho y en el aire,
como la inercia que abre mil espigas
y granan mil anémonas de barro.
Mi nombre es Alejandro y no soy nadie.
Yo soy un haz de aliento inacabado,
que cuaja en la semilla de los justos
y me comen mis propios tegumentos.
Dame, dame a probar tus branquias rosadas,
porque yo soy la luz que te hace libre,
yo te esperaba lejos de la noche
para darte las rosas que abre el alba.
Las rosas que yo llevo son tan negras,
que tuve que cortarlas con la vida cerrada.
Dame, dame amor mío, tus manos heridas.
No, que pueden quebrarse en este frío.
Mis manos son cuchillos de hielo
que pueden sangrar los humores malignos.
Mi pecho es una tumba de polvo de luna
que quiere teñirse al sol de tus rosas.
Toma y da sentido a este presente,
que viene aderezado con tarjeta de muerte.
Tu muerte es una sombra en la cegadora noche.
Vamos a cobijarnos de una vida reseca,
con el aroma tibio de las flores más yertas.
Vamos amada, al huerto donde nacen las zarzas
y sangrar es un fruto sepultado en el vientre de la nada.
Comamos de esta dicha de corazones pétreos
y cuerpos arruinados,
para albergar remansos en el musgo
y sueños matizados de violeta.
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