Octubre de 2011
Hui del andén aquel lejano día
y hoy te imagino en besos infinitos
o te escudriño entre los mechones rubios
de la mujer que no acaba de pasar,
o en el sistolizante taconeo de unos pasos
que jamás terminan de aproximarse.
Aun me resisto a que la foto de cabina
que nunca nos hicimos amarillee
en la pared de la alcoba que no atesoro,
aunque sepa que hay trenes que sólo
llegan,
para pararse una vez en la vida.
Hui del andén aquel lejano día
y hoy te imagino en besos infinitos
o te escudriño entre los mechones rubios
de la mujer que no acaba de pasar,
o en el sistolizante taconeo de unos pasos
que jamás terminan de aproximarse.
Aun me resisto a que la foto de cabina
que nunca nos hicimos amarillee
en la pared de la alcoba que no atesoro,
aunque sepa que hay trenes que sólo
llegan,
para pararse una vez en la vida.