Decaído encontré tu amor entre los andenes de la melancolía,
lo vi sucio de años y con manchas de días que parecen nada más que una mentira.
Descendía por el olvido, un abismo que pareciera sin fondo,
y que ayudado por el impetuoso encono, sin vuelta.
No sé como lo tomé de las orejas obligándolo a volver,
y tu amor como un niño sumiso dejó de caer en el olvido.
¡De que sirvió!, ahora cae en otros hoyos y peores,
la monotonía, la angustia, incluso empieza a caer en el temor.
¡Cómo pude ser tan ruin! ¡despiadado y eso es poco!
Lo único que conseguí fue hundirme en la sima que más temía, su pérdida.
Mis malos actos los descubrí infraganti, por uno innato tuyo,
el huir de mí, el huir de mi conducta amorosa inagotable de torpezas.
Ahora yo tendré que huir, pero no como un cobarde porque no volveré.
Quiero que quede claro que amé y mi intención no fue el daño.
Me atrevería a cuestionarte algo, aun que no sé para que,
pero de todas formas para quedar tranquilo.
Quizás sino hubieras huido de mí y me hubieras enfrentado,
te podría haber llenado de mil perdones porque con uno no bastaba, y algo hubiera cambiado.
Pero ya me voy porque entendí que yo no soy él que te hará feliz...
A mí no me tocó amarte, a mí no me ha tocado amarte...
lo vi sucio de años y con manchas de días que parecen nada más que una mentira.
Descendía por el olvido, un abismo que pareciera sin fondo,
y que ayudado por el impetuoso encono, sin vuelta.
No sé como lo tomé de las orejas obligándolo a volver,
y tu amor como un niño sumiso dejó de caer en el olvido.
¡De que sirvió!, ahora cae en otros hoyos y peores,
la monotonía, la angustia, incluso empieza a caer en el temor.
¡Cómo pude ser tan ruin! ¡despiadado y eso es poco!
Lo único que conseguí fue hundirme en la sima que más temía, su pérdida.
Mis malos actos los descubrí infraganti, por uno innato tuyo,
el huir de mí, el huir de mi conducta amorosa inagotable de torpezas.
Ahora yo tendré que huir, pero no como un cobarde porque no volveré.
Quiero que quede claro que amé y mi intención no fue el daño.
Me atrevería a cuestionarte algo, aun que no sé para que,
pero de todas formas para quedar tranquilo.
Quizás sino hubieras huido de mí y me hubieras enfrentado,
te podría haber llenado de mil perdones porque con uno no bastaba, y algo hubiera cambiado.
Pero ya me voy porque entendí que yo no soy él que te hará feliz...
A mí no me tocó amarte, a mí no me ha tocado amarte...