BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la humana huella improbable,
donde residen inmediatas estrellas y vitrinas,
encrucijada de extrañas y altivas veredas,
exigentes ojos perfilados como para arañar
la escasa capacidad del trigo o del centeno
elaborados. Allí. Con una alta facultad,
como brazos que se disponen a comprender-
lentos, tardos- los abecedarios dolidos del porvenir.
O ese brutal zarpazo de los látigos
que ofrenda la noche buscando amantes o favores.
Aleccionadoras columnas que ejercitan
su apremiante redondez esquelética, subliminal
partitura de ajedreces importunos, ese súbito
resplandor donde moran las ascuas trituradas,
su futuro paisaje de horcas y señales.
Allá, la fragilidad capacita sus tributos oprimidos:
sus ojos de iris absolutos, sus mimbres de pana
verde o fugitiva.
Su arquitectura infame de bronquios salados e ignorantes-.
©
donde residen inmediatas estrellas y vitrinas,
encrucijada de extrañas y altivas veredas,
exigentes ojos perfilados como para arañar
la escasa capacidad del trigo o del centeno
elaborados. Allí. Con una alta facultad,
como brazos que se disponen a comprender-
lentos, tardos- los abecedarios dolidos del porvenir.
O ese brutal zarpazo de los látigos
que ofrenda la noche buscando amantes o favores.
Aleccionadoras columnas que ejercitan
su apremiante redondez esquelética, subliminal
partitura de ajedreces importunos, ese súbito
resplandor donde moran las ascuas trituradas,
su futuro paisaje de horcas y señales.
Allá, la fragilidad capacita sus tributos oprimidos:
sus ojos de iris absolutos, sus mimbres de pana
verde o fugitiva.
Su arquitectura infame de bronquios salados e ignorantes-.
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