Maroc
Alberto
Érase que se era un mundo
donde jamás firmaron
las estilográficas con la tinta
hecha por el semen corrupto
de los banqueros,
tampoco hubo cuadrados
en las posadas,
ni dolor sobre las mantas
de los mendigos.
Érase que se era un mundo
donde no habría plata,
ni naturaleza muerta,
ni pijamas ahogados en el gas,
ni cargas de los abastos,
ni pelotillas de jersey,
ni coplas sobre los muertos,
ni bulerías,
ni termofusión nuclear
sobre cuerpos carcomidos
por el cáncer donde existieran
amores abstractos
con largas pestañas
circundando ojos
de color iridiscente.
Érase que se era un mundo
donde ya no se oían
risas solapadas
en los restaurantes chinos
allá donde se aman los vulgares
o comen los dueños
de una pajarita solitaria
con corazón de pantera.
Y érase que se era un mundo
donde los carcas orgullosos
dejaron de percibir la interferencia
de la voz de los vagabundos
en sus motores de gasolina,
la ruta que se pierde sin destino,
el sol que no alumbra,
la lengua repleta de billetes...
todo llenará el abismo
de la naturaleza
cuando nosotros no seamos
ni siquiera parte de un lejano eco.
donde jamás firmaron
las estilográficas con la tinta
hecha por el semen corrupto
de los banqueros,
tampoco hubo cuadrados
en las posadas,
ni dolor sobre las mantas
de los mendigos.
Érase que se era un mundo
donde no habría plata,
ni naturaleza muerta,
ni pijamas ahogados en el gas,
ni cargas de los abastos,
ni pelotillas de jersey,
ni coplas sobre los muertos,
ni bulerías,
ni termofusión nuclear
sobre cuerpos carcomidos
por el cáncer donde existieran
amores abstractos
con largas pestañas
circundando ojos
de color iridiscente.
Érase que se era un mundo
donde ya no se oían
risas solapadas
en los restaurantes chinos
allá donde se aman los vulgares
o comen los dueños
de una pajarita solitaria
con corazón de pantera.
Y érase que se era un mundo
donde los carcas orgullosos
dejaron de percibir la interferencia
de la voz de los vagabundos
en sus motores de gasolina,
la ruta que se pierde sin destino,
el sol que no alumbra,
la lengua repleta de billetes...
todo llenará el abismo
de la naturaleza
cuando nosotros no seamos
ni siquiera parte de un lejano eco.
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