Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya hay nieve
en la cumbre distante
de tu nombre inútil.
Me llega su frío.
Y tengo tan poco fuego,
que podría morirme
congelado en nostalgias
de tu amor impío.
Mas, cuando te pienso,
apático me digo: A qué
pedir brasas a la escarcha
de tu índole frígido,
si exhalando el invierno
en prueba inclemente
de pasiones férreas
su hálito prístino,
¡temblaste en la duda!
Y dejaste el cristal
de indagar distancias
empañado a suspiros.
Ni tú misma te amas.
Y porque sí, te amo
y porque sí, enamoras,
sé lo que te digo.
Buscaré otro nombre
cálido y febril
que avive y aliente
mi rescoldo íntimo.
Que queme el desgano
de la leña magra
de tu verde amor:
¡Humo y desperdicio!
...
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