Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Humos de Alejandría
Qué es un libro, si no un informe de vida y movimiento; qué, si no una luna que nos habla de otro tiempo, un cristal que miramos muy de cerca para ver sus mil reflejos; una sombra que ilumina a la luz del pensamiento... Unos ángeles que hablan, y demonios y talentos, de subir hasta los cielos y bajar a los infiernos. Un montón de humanos humeaban todavía, entre quejas, desde lejos.
Aún prendía la antorcha de la vida; quien miraba era el doble de algún dios que estuvo muerto. Inmortales no son carnes, portadoras de intelectos. Nada muere que se piense, y quien piensa está en el cielo; el infierno, evidente, es estar pisando el suelo. Los miraba ordenados, esperando ser abiertos, sin moverse en sus estantes. Un mortal tiende su mano acercándose un instante, y un suspiro infinito se escuchó al rozar un libro; quizá allí entre sus hojas, esté el dios que lo ha descrito.
Qué es un libro, si no un informe de vida y movimiento; qué, si no una luna que nos habla de otro tiempo, un cristal que miramos muy de cerca para ver sus mil reflejos; una sombra que ilumina a la luz del pensamiento... Unos ángeles que hablan, y demonios y talentos, de subir hasta los cielos y bajar a los infiernos. Un montón de humanos humeaban todavía, entre quejas, desde lejos.
Aún prendía la antorcha de la vida; quien miraba era el doble de algún dios que estuvo muerto. Inmortales no son carnes, portadoras de intelectos. Nada muere que se piense, y quien piensa está en el cielo; el infierno, evidente, es estar pisando el suelo. Los miraba ordenados, esperando ser abiertos, sin moverse en sus estantes. Un mortal tiende su mano acercándose un instante, y un suspiro infinito se escuchó al rozar un libro; quizá allí entre sus hojas, esté el dios que lo ha descrito.
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