Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Ella llega sin aviso,
en el aire se siente su rastro,
una ráfaga de viento que alborota,
que quita el aliento y lo deja a su paso.
Rompe, destruye, devora,
como el huracán que no perdona,
se lleva consigo corazones
y en su danza de caos los abandona.
No pide permiso, no tiene piedad,
arrastra los sueños con ferocidad.
Pero cuando te das cuenta, ya es tarde,
el alma está desnuda, hecha pedazos en su aire.
Te deja vacío, como tierra sin raíces,
sin fuerza ni palabras, perdido entre cicatrices.
Ella es viento, furia, tormenta y llanto,
un huracán de emociones que siempre llega al quebranto.
Y aún así, algo en su fuerza hipnotiza,
te atrae hacia su centro, aunque el final paraliza.
Porque sabes que con ella, el destino es incierto,
es la calma que precede a lo muerto.
en el aire se siente su rastro,
una ráfaga de viento que alborota,
que quita el aliento y lo deja a su paso.
Rompe, destruye, devora,
como el huracán que no perdona,
se lleva consigo corazones
y en su danza de caos los abandona.
No pide permiso, no tiene piedad,
arrastra los sueños con ferocidad.
Pero cuando te das cuenta, ya es tarde,
el alma está desnuda, hecha pedazos en su aire.
Te deja vacío, como tierra sin raíces,
sin fuerza ni palabras, perdido entre cicatrices.
Ella es viento, furia, tormenta y llanto,
un huracán de emociones que siempre llega al quebranto.
Y aún así, algo en su fuerza hipnotiza,
te atrae hacia su centro, aunque el final paraliza.
Porque sabes que con ella, el destino es incierto,
es la calma que precede a lo muerto.