I (Los poetas y los versos)

Kalipso

Poeta recién llegado
La flor abierta con los pétalos rosados

adquiere un sonrojo sutil del ala

de un ave que sube a su canto callado

el dulce rugir del tigre de bengala.


Nada teme el candor furioso

ni siquiera al veneno en elixir

las aves rodean de canto glorioso,

canto glorioso, venéreo y sutil.


Justifica su enojo por una dulce presa

perdida entre las fieras garras aguileñas

de una hermosa dríada veloz que trepa

ante los ojos de la gloriosa selva sureña.


El rojo carmín que tiñe el boscaje

refleja en abanico el lejano crepúsculo

de un pavo real que alzando modela su traje

con la dulzaina de plumas que ilustro.


Con el dolor preso en sus faldas

las ninfas sonrojadas celan a su dios

los ángeles doradas desprenden sus alas

ante el santo rugir del gran sol.


Es tiempo primaveral en este hermoso lugar

la gloria del día se alza cercana

en este lugar es tiempo primaveral

y la gloria nocturna ahora yace lejana.


Un agujero se abre en el azul cielo

ángeles bajan tocando sus liras

arrastrados caminan gusanos al suelo

y el boscaje ahora se baña de mirra


Se nota a lo lejos una silueta oscurecida

se acerca con pasos callados

del otro lado un hada cantal con dulzura

por el dulce amor que ha encontrado.


Tocad las liras con fuerza

que el cielo se ente por fin de que amo

que se abra en el bosque una puerta

y pueda entrar al país de Luciano.


Cargaos con gloria misiles de eucalipto

sonríen las flores en un agraciar coqueteo

y las ninfas bailan viniendo de Egipto

y eucarísticas abren sus alas con un aleteo.


Encantado el bello Adonis se encuentra

con sus manos sostiene la rueca de onfalia

rugidos resuenan al candor que entra

con champaña traída de Italia.


Los lirios deslumbran con sus altos tallos

amapolas encienden las luces de Egipto

¡Cuidado que rubíes la niña le extrajo!

Mientras el tango bailaba con un abanico.


Y el corazón encontró en el amor

los santos anhelos de un nuevo vivir

encendió con su trueno de ardor

labios rojos color de carmín.


¡Oh la fuente divina! ¡La flor

de la cúpula rosada! ¡Los lirios

de emanación sutil del calor!

¡Oh los hombres que aun adoran al trigo!


¡Oh calor que emanas del mío corazón!

Olvida lamentos, y dolor…

Y que triunfe en mí ser: ¡El amor!
 
Bienvenida, Kalipso, buen inicio en el Portal desplegando gran imaginación en este buen poema para compartirnos tu descubrimiento del amor.

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La flor abierta con los pétalos rosados

adquiere un sonrojo sutil del ala

de un ave que sube a su canto callado

el dulce rugir del tigre de bengala.


Nada teme el candor furioso

ni siquiera al veneno en elixir

las aves rodean de canto glorioso,

canto glorioso, venéreo y sutil.


Justifica su enojo por una dulce presa

perdida entre las fieras garras aguileñas

de una hermosa dríada veloz que trepa

ante los ojos de la gloriosa selva sureña.


El rojo carmín que tiñe el boscaje

refleja en abanico el lejano crepúsculo

de un pavo real que alzando modela su traje

con la dulzaina de plumas que ilustro.


Con el dolor preso en sus faldas

las ninfas sonrojadas celan a su dios

los ángeles doradas desprenden sus alas

ante el santo rugir del gran sol.


Es tiempo primaveral en este hermoso lugar

la gloria del día se alza cercana

en este lugar es tiempo primaveral

y la gloria nocturna ahora yace lejana.


Un agujero se abre en el azul cielo

ángeles bajan tocando sus liras

arrastrados caminan gusanos al suelo

y el boscaje ahora se baña de mirra


Se nota a lo lejos una silueta oscurecida

se acerca con pasos callados

del otro lado un hada cantal con dulzura

por el dulce amor que ha encontrado.


Tocad las liras con fuerza

que el cielo se ente por fin de que amo

que se abra en el bosque una puerta

y pueda entrar al país de Luciano.


Cargaos con gloria misiles de eucalipto

sonríen las flores en un agraciar coqueteo

y las ninfas bailan viniendo de Egipto

y eucarísticas abren sus alas con un aleteo.


Encantado el bello Adonis se encuentra

con sus manos sostiene la rueca de onfalia

rugidos resuenan al candor que entra

con champaña traída de Italia.


Los lirios deslumbran con sus altos tallos

amapolas encienden las luces de Egipto

¡Cuidado que rubíes la niña le extrajo!

Mientras el tango bailaba con un abanico.


Y el corazón encontró en el amor

los santos anhelos de un nuevo vivir

encendió con su trueno de ardor

labios rojos color de carmín.


¡Oh la fuente divina! ¡La flor

de la cúpula rosada! ¡Los lirios

de emanación sutil del calor!

¡Oh los hombres que aun adoran al trigo!


¡Oh calor que emanas del mío corazón!

Olvida lamentos, y dolor…

Y que triunfe en mí ser: ¡El amor!
Hermosos versos repletos de sugerentes y bellas imagenes para un certero y precioso poema de amor. Muy bueno amiga Kalipso. Un abrazo. Paco.
 

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