pecesraros
Poeta recién llegado
El olor de la hierba negra dibujada
regurgita en la boca de una húmeda serpiente
color carne, que con sus colmillos corona
un faro de luces fluorescentes, que escupe su luz
a lo lejos y a lo alto, en un mar de gaviotas
lleno de espesa niebla con olor a mango
y a vino caro.
Deseos de ruidos constantes, bajan por mi pijama
e imágenes turbadoras y excitantes, golpean
nuestras pupilas.
Descargas eléctricas recorren una medula espinal
de plástico, más blanca que el cuero de las estrellas;
dulces ojos punzantes color miel oscura, casi apagados
por horario de cierre y jornada completa, sacian su curiosidad
con un espectáculo de actitud gratuita.
Y ahora el chico del espejo negro, sonríe,
en un código no cifrado.
regurgita en la boca de una húmeda serpiente
color carne, que con sus colmillos corona
un faro de luces fluorescentes, que escupe su luz
a lo lejos y a lo alto, en un mar de gaviotas
lleno de espesa niebla con olor a mango
y a vino caro.
Deseos de ruidos constantes, bajan por mi pijama
e imágenes turbadoras y excitantes, golpean
nuestras pupilas.
Descargas eléctricas recorren una medula espinal
de plástico, más blanca que el cuero de las estrellas;
dulces ojos punzantes color miel oscura, casi apagados
por horario de cierre y jornada completa, sacian su curiosidad
con un espectáculo de actitud gratuita.
Y ahora el chico del espejo negro, sonríe,
en un código no cifrado.