Hombre del uso del cual se recrimina,
una mujer te gobierna cuando
vas cayendo de los pináculos
de sus senos, en filos tan violentos,
en noches uñaradas y sutiles.
Las palmas te hormiguean,
deseas tocar su inquietud
y ocuparte de la parte
más afectada de su alma.
Ansias tantas cosas:
La cabellera de su vida,
el poema de su rostro,
un mechón de sus caricias,
su vientre en estallido y el deleite
de sus labios pendiendo de tu boca.
La amas, bebes una taza de nostalgia
cada mañana, la extrañas como hacen
todos los imbéciles al atardecer.
Esa saliva avinagrada se acorrala
en tu garganta y no puede enfundarse
de ninguna razón para dejar de amar.
Eres de los que la ven siempre
durmiendo entre sus sueños,
con temblor y algarabía en las piernas.
Te ocupas de ti como de las cosas
insignificantes y piensas en ella
como un devenir inalienable.
Has encontrado tantas cosas para recordarla
que esperas, esperas. Intolerante patético
y triste. Grita un proceder de nada
en tu persona, una sucia enfermedad
imputable, ese infante, en tu cabeza,
con arco y flecha, que se las sabe todas.
una mujer te gobierna cuando
vas cayendo de los pináculos
de sus senos, en filos tan violentos,
en noches uñaradas y sutiles.
Las palmas te hormiguean,
deseas tocar su inquietud
y ocuparte de la parte
más afectada de su alma.
Ansias tantas cosas:
La cabellera de su vida,
el poema de su rostro,
un mechón de sus caricias,
su vientre en estallido y el deleite
de sus labios pendiendo de tu boca.
La amas, bebes una taza de nostalgia
cada mañana, la extrañas como hacen
todos los imbéciles al atardecer.
Esa saliva avinagrada se acorrala
en tu garganta y no puede enfundarse
de ninguna razón para dejar de amar.
Eres de los que la ven siempre
durmiendo entre sus sueños,
con temblor y algarabía en las piernas.
Te ocupas de ti como de las cosas
insignificantes y piensas en ella
como un devenir inalienable.
Has encontrado tantas cosas para recordarla
que esperas, esperas. Intolerante patético
y triste. Grita un proceder de nada
en tu persona, una sucia enfermedad
imputable, ese infante, en tu cabeza,
con arco y flecha, que se las sabe todas.