Ida

FrankBaizQ

Poeta recién llegado
Me enamoré del mar, no de ti.
De las embriagez de nuestro desasosiego.
De lo que ocultaba tu mirar oblicuo.
De tu posibilidad de araña, miel y hartazgo.
De la orgía que nunca fue.
Del hilo de tu voz, que no entregaste nunca.
De tu rostro vencido, de tu eterno suicidio inconcluso.
De tu risa portátil.
De la almendra que surcaba tus ojos como posibilidad, de tus ratos abismales.
De tu risa, despiadada, asesina de inocentes.
De tus falsos milagros, del milagro de tu falsedad.
De la nada que ocultábamos juntos, lejos de mí mismo.
Tan sin tiempo.
Tan sin hojas demudadas hacia un verdadero atardecer, hacia un rio verdadero.
De la mentira que buscábamos juntos en tablones hechos de desierto.
De las rosas caídas en cada cena inexistente.
De los viajes hacia una soledad poblada de cuerpos desquiciados por la piel y los relámpagos.
Hacia ti que no existias y no estabas y reias tanto de ti misma, de mí, de todos.
De la vida que te quitaste como una camisa sudada.
Sorbo a sorbo.
Sin lágrimas, que eran todas las lágrimas desbordadas,
Las que libabas en una soledad que nunca conocí,
Las que no enjugué frente a tu cadáver inexplicable.
Hasta el infinito al que te fuiste
Del que nunca retornaras.
 

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