Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El feroz devaneo del iceberg oscuro,
caía como un surco de secano,
sobre las fauces nuevas de la esponja,
mientras en mi esternón de terciopelo,
la semilla y el fruto deliraban
como dos dioses, tiempos separados,
por la voz, la frecuencia más sublime,
entre la que quedaste sepultada a mi oído.
Mi memoria no grita.
Mis ojos son su ejemplo.
Y así, como una forma desmedida,
te turbó la verdad
-Como sacar tu idioma de mi boca,
así voló tu sol sobre la noche.-,
hasta tomar el pulso en la vena más fría
-Las promesas, los sueños, también las ilusiones, gestadas en tu imagen,
se sacaron la lengua,
y luego la cosieron al revés. -,
cerca del infinito y las estatuas.
caía como un surco de secano,
sobre las fauces nuevas de la esponja,
mientras en mi esternón de terciopelo,
la semilla y el fruto deliraban
como dos dioses, tiempos separados,
por la voz, la frecuencia más sublime,
entre la que quedaste sepultada a mi oído.
Mi memoria no grita.
Mis ojos son su ejemplo.
Y así, como una forma desmedida,
te turbó la verdad
-Como sacar tu idioma de mi boca,
así voló tu sol sobre la noche.-,
hasta tomar el pulso en la vena más fría
-Las promesas, los sueños, también las ilusiones, gestadas en tu imagen,
se sacaron la lengua,
y luego la cosieron al revés. -,
cerca del infinito y las estatuas.