IDILIO
“si yo pudiera un día, un día tan sólo
abandonar sobre la tierra enteramente
estos bueyes que hoy labran los bordes de mi sueño...”
Emilio Prados. “El llanto subterráneo”
Ilust.: P. Picasso. “Minotauro bebedor” Suite Vollard
Aquella dormición sin límites ni peso
aquellos momentos forjados en la sombra de tus párpados de fuego
en aquella noche del final que fue un comienzo
fui esclavo liberado o animal incapaz de ser domesticado
Viví aquellas horas en la mínima ficción de una flor delicada
arrancada por el esfuerzo de un pensamiento procaz
como un deseo o un torrente cristalino
tu imagen desbordó mi placidez y fui humano
No hubieron más árboles sobre el fondo violáceo de las tardes
ni danzarinas trazando con su danza los esquemas del placer
ni nauseabundas miradas que alejaron a los profugos del sexo
como olas que arrastran las carroñas del último naufragio
Fue la noche sin materia de las estrellas perdidas
fue la eternidad congelada en un silencio submarino
allí me engendré como el viejo asesino para el que fui destinado
y broté desde el volcán donde nacían los pájaros de la noche
Me ofreciste tus dedos como garfios u ojos con pestañas aceradas
te me ofreciste como virgen de las calles turbulentas
pidiendome el hielo para enfriar tu pasión, oh desventurada
era tu cuerpo tan dulce como nube de tormenta.
Eras teorema y división inexacta o romboide sin apotemas
figura deliciosa e inexplicable que pretendí enmarcar con pétalos de violeta
pero tú estás por encima de toda contingencia y saciabas mis apetitos
con el sólo brillo de tu mirar de escaparate en ofrenda.
Vorágine superpuesta a la dulzura de una tarde junto al mar
pequeña caracola de ecos infinitos en tu interior pavoroso
manos que delimitan la caricia con la que acabrás por ahogarme
mi cuello es la definitiva ofrenda que aceptarás de este idilio.
Este viejo asesino redimido de su decir anticuado
esta forma casi humana de la palabra final
ha sido elegida por ti para el último holocausto
idilio vergonzante para tan alta deidad.
“si yo pudiera un día, un día tan sólo
abandonar sobre la tierra enteramente
estos bueyes que hoy labran los bordes de mi sueño...”
Emilio Prados. “El llanto subterráneo”
Ilust.: P. Picasso. “Minotauro bebedor” Suite Vollard
Aquella dormición sin límites ni peso
aquellos momentos forjados en la sombra de tus párpados de fuego
en aquella noche del final que fue un comienzo
fui esclavo liberado o animal incapaz de ser domesticado
Viví aquellas horas en la mínima ficción de una flor delicada
arrancada por el esfuerzo de un pensamiento procaz
como un deseo o un torrente cristalino
tu imagen desbordó mi placidez y fui humano
No hubieron más árboles sobre el fondo violáceo de las tardes
ni danzarinas trazando con su danza los esquemas del placer
ni nauseabundas miradas que alejaron a los profugos del sexo
como olas que arrastran las carroñas del último naufragio
Fue la noche sin materia de las estrellas perdidas
fue la eternidad congelada en un silencio submarino
allí me engendré como el viejo asesino para el que fui destinado
y broté desde el volcán donde nacían los pájaros de la noche
Me ofreciste tus dedos como garfios u ojos con pestañas aceradas
te me ofreciste como virgen de las calles turbulentas
pidiendome el hielo para enfriar tu pasión, oh desventurada
era tu cuerpo tan dulce como nube de tormenta.
Eras teorema y división inexacta o romboide sin apotemas
figura deliciosa e inexplicable que pretendí enmarcar con pétalos de violeta
pero tú estás por encima de toda contingencia y saciabas mis apetitos
con el sólo brillo de tu mirar de escaparate en ofrenda.
Vorágine superpuesta a la dulzura de una tarde junto al mar
pequeña caracola de ecos infinitos en tu interior pavoroso
manos que delimitan la caricia con la que acabrás por ahogarme
mi cuello es la definitiva ofrenda que aceptarás de este idilio.
Este viejo asesino redimido de su decir anticuado
esta forma casi humana de la palabra final
ha sido elegida por ti para el último holocausto
idilio vergonzante para tan alta deidad.