jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el puñal que dejaste clavado en mi pecho
sigue haciéndome sangrar como el primer día
y en las mañanas cuando despierto siempre hay
un pequeño charco de sangre en la sábana
me levanto y la destiendo y pongo una sábana limpia
me quito el pijama ensangrentado y lo tiro
dentro del cesto de la ropa sucia
me paro bajo la regadera y giro la llave del agua
me enjabono el cuerpo y la cara y el pelo
y me saco el puñal del pecho para limpiarlo
le lavo la sangre reseca incrustada en la empuñadura
le pongo un poco de espuma en la hoja y froto
para asegurarme de que no pierda el brillo
me restriego el jabón dentro de la herida
y arranco con cuidado las pequeñas costras
que puedan haberse formado recientemente en los bordes
me enjuago y cierro el grifo y cojo una toalla
seco el puñal y me paro delante del espejo
para volver a clavármelo exactamente en el centro de la herida
insertándolo perpendicularmente a mi pecho
entre la cuarta y la quinta costilla izquierdas
a cinco centímetros del esternón aproximadamente
casi rozando el corazón
la hoja entera encajada hasta el mango
que no haya el menor riesgo de que pueda soltarse
y lo pierda inadvertidamente mientras ando por ahí
atendiendo asuntos del trabajo, visitando a mi madre en el asilo
cenando con algún viejo amigo, deambulando por el barrio de las putas
sacando a pasear al perro, curioseando en las librerías
dejando un rastro de sangre dondequiera que voy
por si un día me extrañas y regresas y me buscas
no te cueste trabajo encontrarme