Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
I) Del Toro encontrando la salvación por vías de su Pasión, y de la huida de esa Pasión.
Cambia en su recorrer, en mi, el tiempo
y eleva su cerviz de púrpura
con una camelia cincelada
en el corazón.
¡Ah, dulcísimo albur, quizá vuelva
con la época de los monzones
a mi cuerpo de Jove
nuevamente el Amor!
Cantan las saxífragas, ebrias,
a las redes de polen
reposando sus sagrados
cálices
en las frentes, radiantes,
de los soles
y cinco crisomélidos
de alas irisadas
sorben del cierzo
cada encono
ejercitando
sus corvetas
sobre la fecunda landa,
bajando por los brazos de los soles.
¡Ah, silbos de profunda plata, quizá
se enciendan con el estío
nuevamente a mi
la deflagración de los Cárpatos!
Cargan, eternamente enamoradas,
las abejas por la blanca jara,
en cuyo centro se encuentra,
flamígero, el sol
cortejado por cinco espíritus escarlata,
sus zurrones de endulzada
energía,
a la vez que, extasiadas,
sus espiritrompas
succionan de los nectarios
las esferas de futuras polinizaciones.
¡Ah, nacárea jara, flor de espuma
de la mar,
quizás se abra con la cadencia
de tu cítara
nuevamente en mi el verbo amar!
---
Luego, cuentan en las comarcas, nos estocó la cellisca , y cuando
digo la cellisca digo la carencia.
Yo tenía mejillas sonrosadas
cual el garzón
que asomándose a la fuente
de su Amor,
confunde en las pupilas
enamoradas
el busto de su amada con su rostro, con su Amor.
___________________________________________________Pero ahora las tengo azules y nevadas.
¡Pero ahora, sin barco, sin dios, las cubren flores nevadas,
azules!
Porque la cellisca clavó sus esqueléticos dedos en mi carne, ellos cuentan ,
y cuando enuncio la cellisca enuncio tres clavos en mi corazón.
---
La cellisca, ah, la cellisca
con sus flores de escarcha,
con sus rosas, su arena,
su capa, espadas,
como la estatua calcárea
de un Mozart en G menor, o su estaca.
Ellos dicen: el toro no es la flor.
El toro, enceguecido, se dirige contra el amor tan inerme como la flor.
Ellos dicen: la cultura se burla de la suerte de la embestida con su franela de brega.
El toro tiene, pues levantando su vista al estirado cielo
refleja en él su ancha espalda,
toda la columna esmaltada por doce banderillas
de escarnio, malvas,
sin embargo embiste, ¡el corpulento danzarín
resiste!
y hunde, embobado por un pálido resplandor
o su sutil flameo
su bicorne pujanza en la franela de brega,
creyendo que esta vez sí,
que esta vez podrá salvarse al clavar sus clavos en una Altísima salvación de Amor.
II) De cómo tuve que volar con él.
de las rosas guardadas
en tu vientre
ninguna de entre ellas
he de verla florecida
porque el viento
ha soplado
¡y vaya si ha soplado
el gran ruin!
que así fue, como yo también tuve que volar con él.
III) Ea, que me voy, que me estoy yendo con el viento compañero Dios...
¡Ea, vengan, que vengan los cabritos,
que venga el rebaño,
que aquí, volando en el viento,
estoy en todas partes
sin dejar de estarlo en ningún lugar!
¡Ea, vengan, que venga la sabiduría,
que nuestra casa está en el aire
al borde del poniente
y también en la sacra mar, y también en la sacra amar!
Ea, que venga la música de las selvas
junto a la lujuria, ¡que venga!,
que venga el sonido de los sistros
junto al sagrado Corazón, ¡que venga!,
que venga la época de los monzones
para bañarnos en un río de llanto,
de amor, estío, amor, ¡que vuelva el sincope del Amor!
---
Ea, que me voy, que me estoy yendo, ah
sin haberte encontrado, compañero Dios,
que te he sentido, quizá,
que me has querido, quizá,
que te he buscado, pues durante toda la vida.
Ea, que me voy, que me estoy yendo con el viento compañero Dios...
Cambia en su recorrer, en mi, el tiempo
y eleva su cerviz de púrpura
con una camelia cincelada
en el corazón.
¡Ah, dulcísimo albur, quizá vuelva
con la época de los monzones
a mi cuerpo de Jove
nuevamente el Amor!
Cantan las saxífragas, ebrias,
a las redes de polen
reposando sus sagrados
cálices
en las frentes, radiantes,
de los soles
y cinco crisomélidos
de alas irisadas
sorben del cierzo
cada encono
ejercitando
sus corvetas
sobre la fecunda landa,
bajando por los brazos de los soles.
¡Ah, silbos de profunda plata, quizá
se enciendan con el estío
nuevamente a mi
la deflagración de los Cárpatos!
Cargan, eternamente enamoradas,
las abejas por la blanca jara,
en cuyo centro se encuentra,
flamígero, el sol
cortejado por cinco espíritus escarlata,
sus zurrones de endulzada
energía,
a la vez que, extasiadas,
sus espiritrompas
succionan de los nectarios
las esferas de futuras polinizaciones.
¡Ah, nacárea jara, flor de espuma
de la mar,
quizás se abra con la cadencia
de tu cítara
nuevamente en mi el verbo amar!
---
Luego, cuentan en las comarcas, nos estocó la cellisca , y cuando
digo la cellisca digo la carencia.
Yo tenía mejillas sonrosadas
cual el garzón
que asomándose a la fuente
de su Amor,
confunde en las pupilas
enamoradas
el busto de su amada con su rostro, con su Amor.
___________________________________________________Pero ahora las tengo azules y nevadas.
¡Pero ahora, sin barco, sin dios, las cubren flores nevadas,
azules!
Porque la cellisca clavó sus esqueléticos dedos en mi carne, ellos cuentan ,
y cuando enuncio la cellisca enuncio tres clavos en mi corazón.
---
La cellisca, ah, la cellisca
con sus flores de escarcha,
con sus rosas, su arena,
su capa, espadas,
como la estatua calcárea
de un Mozart en G menor, o su estaca.
Ellos dicen: el toro no es la flor.
El toro, enceguecido, se dirige contra el amor tan inerme como la flor.
6, 3, por un cordón de
siemprevivas
que enlace
mi libertad
a una mayor,
I, A, por los zumos
de un recuperado corazón,
0, 2, por la lluvia
de sábado,
¡por la lluvia de sábado,
por la lluvia!
B, H, por la copa repleta
de vino
y de cielo.
siemprevivas
que enlace
mi libertad
a una mayor,
I, A, por los zumos
de un recuperado corazón,
0, 2, por la lluvia
de sábado,
¡por la lluvia de sábado,
por la lluvia!
B, H, por la copa repleta
de vino
y de cielo.
Ellos dicen: la cultura se burla de la suerte de la embestida con su franela de brega.
El toro tiene, pues levantando su vista al estirado cielo
refleja en él su ancha espalda,
toda la columna esmaltada por doce banderillas
de escarnio, malvas,
sin embargo embiste, ¡el corpulento danzarín
resiste!
y hunde, embobado por un pálido resplandor
o su sutil flameo
su bicorne pujanza en la franela de brega,
creyendo que esta vez sí,
que esta vez podrá salvarse al clavar sus clavos en una Altísima salvación de Amor.
Poema escrito por Ignacio Del Toro.
II) De cómo tuve que volar con él.
de las rosas guardadas
en tu vientre
ninguna de entre ellas
he de verla florecida
porque el viento
ha soplado
¡y vaya si ha soplado
el gran ruin!
que así fue, como yo también tuve que volar con él.
Poema escrito por Ignacio Del Toro.
III) Ea, que me voy, que me estoy yendo con el viento compañero Dios...
¡Ea, vengan, que vengan los cabritos,
que venga el rebaño,
que aquí, volando en el viento,
estoy en todas partes
sin dejar de estarlo en ningún lugar!
¡Ea, vengan, que venga la sabiduría,
que nuestra casa está en el aire
al borde del poniente
y también en la sacra mar, y también en la sacra amar!
Ea, que venga la música de las selvas
junto a la lujuria, ¡que venga!,
que venga el sonido de los sistros
junto al sagrado Corazón, ¡que venga!,
que venga la época de los monzones
para bañarnos en un río de llanto,
de amor, estío, amor, ¡que vuelva el sincope del Amor!
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Ea, que me voy, que me estoy yendo, ah
sin haberte encontrado, compañero Dios,
que te he sentido, quizá,
que me has querido, quizá,
que te he buscado, pues durante toda la vida.
Ea, que me voy, que me estoy yendo con el viento compañero Dios...
Poema escrito por Ignacio Del Toro.
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