daniel amaya
Poeta fiel al portal
II
Y era de un cofre dorado como tallado por sus líneas,
sufría atado a los campos de dolencia,
en las espinas que entraban en el pecho al que confundía.
La miraba con ojos de asesino,
como prometiendo su alma a su destino,
mis moribundas manos que acariciaban el aire que tocaba su esencia.
Era mía en partículas que respiraba y se consumían en el pecho,
minuto a minuto, la luz de su tez se excedía en los vidrios de lágrimas ...
Y era de un cofre dorado como tallado por sus líneas,
sufría atado a los campos de dolencia,
en las espinas que entraban en el pecho al que confundía.
La miraba con ojos de asesino,
como prometiendo su alma a su destino,
mis moribundas manos que acariciaban el aire que tocaba su esencia.
Era mía en partículas que respiraba y se consumían en el pecho,
minuto a minuto, la luz de su tez se excedía en los vidrios de lágrimas ...
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