Es lo que hay
Poeta recién llegado
Se abre mi herida de sal
y el negro de mis espinas
en rojo envenena el paraíso.
No tengo sombra de hombre
debajo del sol que crece
en la noche de los malditos.
Soy un jirón supurado de piel
nadando en días perdidos
que jamás a vivir volveré.
Estigmas invisibles son mi sayo
que cicatrizan con la rabia
del soñador amordazado,
enterrado en mortaja con bozal.
Habla mi reventado corazón
con el amargo verso silencioso
del miedo a la mirada de los otros.
Y sollozo con mi pecho
de desahuciado valiente
esperando ese beso perdido.
Suena la voz sucia del ángel
y despierta mi alma resucitada
dentro de tus ansiadas entrañas
donde me rompo como diente de león.
Ataré sin fuerza mis cadenas
a tus lágrimas merecidas
en el altar de tu éxtasis.
Se romperá la mazmorra
cuando pronuncies mi aliento
en tus labios llenos de mi boca.
Comeré de tu ceguera
dándo extasiado gula a tu soledad
con el maná de mi sangre blanca.
Preñaré raudo tu desidia
de negro fuego en tu profano umbral
y roja agua en tu rosa calada.
Limpiaré tus sucias infecciones
con el castigo del abandono
para que crezcas sin el miedo
de no ser luz, de no ser fuego.
Se abre mi herida de ácido
y el agua afilada de mis ojos
me sume a tu condena
de ceniza, sangre y arena.
Llegó la hora de volar
a paraísos sin fronteras.
Donde sólo nos libere el viento
de las hojas secas de la envidia
borrada con el golpe del desdén.
Donde siempre el destino sea
amar sin preguntas, sin medida.
Amar con la llama perdida
de la primera inocencia.
El poscrito sangra con la voz de las heridas del alma.
Es lo que hay...
Es lo que hay...
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