Y tan calmada y apacible, casi inerte,
en raídas sabanas blancas me esperas.
No traigo rosas ni obsequios,
solo las caricias del gato de nueve colas
Un azote y nueve llagas ardientes,
la sangre reclamará el paseo por tu espalda.
Un golpe y nueve llagas fogosas,
abren tu pecho y la vida se escurre entre tus muslos.
Con sofocante jadeo te quemas,
pides más y con demencia te consumo.
Verte agonizar es mi placer y ciertamente tu encanto,
pues bien sabes como sufrir y yo como fustigar
No es la primera vez, tampoco será la última
encadenada a capricho tuyo, yaces recostada.
Tu sed de dolor no se apaga,
mi afán por lastimarte crece.
Siente de nuevo las caricias del gato
Un azote, nueve llagas y ahora sí, nueve besos
Mientras las velas se consumen,
en tanto llegue el amanecer y con el mi partida
en raídas sabanas blancas me esperas.
No traigo rosas ni obsequios,
solo las caricias del gato de nueve colas
Un azote y nueve llagas ardientes,
la sangre reclamará el paseo por tu espalda.
Un golpe y nueve llagas fogosas,
abren tu pecho y la vida se escurre entre tus muslos.
Con sofocante jadeo te quemas,
pides más y con demencia te consumo.
Verte agonizar es mi placer y ciertamente tu encanto,
pues bien sabes como sufrir y yo como fustigar
No es la primera vez, tampoco será la última
encadenada a capricho tuyo, yaces recostada.
Tu sed de dolor no se apaga,
mi afán por lastimarte crece.
Siente de nuevo las caricias del gato
Un azote, nueve llagas y ahora sí, nueve besos
Mientras las velas se consumen,
en tanto llegue el amanecer y con el mi partida