La risa del fantasma mirándome,
El que está por todos lados.
Treinta y nueve horas sin bajar pestañas
El número que puede matarte
Incluso si de moscas se disfraza.
Treinta y nueve balas en el torso
Treinta y nueve latidos y pierdes la cuenta
Treinta y nueve personas pasan
En sentido contrario al mío
Y a la mañana siguiente
Volverán a pasar, desaparecer.
Continúa el estribillo en los gritos
Del fantasma que desde mis sesos
Se enfada, y está en la luz, en mi desayuno,
¿Qué hago aquí sentado, perdido en mi cama?
Encontrar el paraíso significaría ahora,
Justo ahora, desquiciado,
No saber, no saberse e imaginar un espacio
Al exterior del espejo, en su marco.
La habitación donde no existan sombras
Y el fantasma descanse un poco
Menos irritado, inconsciente.
Deseo dormir pero a cada intento
Un sobresalto en forma de terremoto
Quizá los problemas tirando los muebles
O las ventanas dejando pasar el viento
Por las orillas. Discretamente.
Pero también sospecharía
De la simple existencia
Susurrando en la oscuridad.
He tenido mejores momentos
¿Quién soy yo para saberlo?
Treinta y nueve prejuicios
Entre estrella y estrella
Y las nubes que tapan el resto de ellas.
El segundero compacta los sentimientos
Cual canción o solo parloteo.
Solo otra ilusión que alude
A nada.
El que está por todos lados.
Treinta y nueve horas sin bajar pestañas
El número que puede matarte
Incluso si de moscas se disfraza.
Treinta y nueve balas en el torso
Treinta y nueve latidos y pierdes la cuenta
Treinta y nueve personas pasan
En sentido contrario al mío
Y a la mañana siguiente
Volverán a pasar, desaparecer.
Continúa el estribillo en los gritos
Del fantasma que desde mis sesos
Se enfada, y está en la luz, en mi desayuno,
¿Qué hago aquí sentado, perdido en mi cama?
Encontrar el paraíso significaría ahora,
Justo ahora, desquiciado,
No saber, no saberse e imaginar un espacio
Al exterior del espejo, en su marco.
La habitación donde no existan sombras
Y el fantasma descanse un poco
Menos irritado, inconsciente.
Deseo dormir pero a cada intento
Un sobresalto en forma de terremoto
Quizá los problemas tirando los muebles
O las ventanas dejando pasar el viento
Por las orillas. Discretamente.
Pero también sospecharía
De la simple existencia
Susurrando en la oscuridad.
He tenido mejores momentos
¿Quién soy yo para saberlo?
Treinta y nueve prejuicios
Entre estrella y estrella
Y las nubes que tapan el resto de ellas.
El segundero compacta los sentimientos
Cual canción o solo parloteo.
Solo otra ilusión que alude
A nada.