III

Anti

Poeta recién llegado
La risa del fantasma mirándome,

El que está por todos lados.

Treinta y nueve horas sin bajar pestañas

El número que puede matarte

Incluso si de moscas se disfraza.

Treinta y nueve balas en el torso

Treinta y nueve latidos y pierdes la cuenta

Treinta y nueve personas pasan

En sentido contrario al mío

Y a la mañana siguiente

Volverán a pasar, desaparecer.


Continúa el estribillo en los gritos

Del fantasma que desde mis sesos

Se enfada, y está en la luz, en mi desayuno,

¿Qué hago aquí sentado, perdido en mi cama?

Encontrar el paraíso significaría ahora,

Justo ahora, desquiciado,

No saber, no saberse e imaginar un espacio

Al exterior del espejo, en su marco.

La habitación donde no existan sombras

Y el fantasma descanse un poco

Menos irritado, inconsciente.


Deseo dormir pero a cada intento

Un sobresalto en forma de terremoto

Quizá los problemas tirando los muebles

O las ventanas dejando pasar el viento

Por las orillas. Discretamente.

Pero también sospecharía

De la simple existencia

Susurrando en la oscuridad.


He tenido mejores momentos

¿Quién soy yo para saberlo?

Treinta y nueve prejuicios

Entre estrella y estrella

Y las nubes que tapan el resto de ellas.


El segundero compacta los sentimientos

Cual canción o solo parloteo.


Solo otra ilusión que alude

A nada.
 
Nada a veces puede ser todo querido poeta.
anque el cerebro es demente.
un loco diferente vive en cada persona...
interesante tema...
me recuerdas a mi...

SALUDOS POETA...
BESOS ROSAS PARA TI
 

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