Cio-Cio-San
Poeta recién llegado
Il suicidio di lá Donzella...
"Mis lágrimas, manchadas de
sombras y desesperación,
son la negra tinta con que
impregno mi sentir en pala-
bras que yacen, sin sentido,
en una misiva que en la eter-
nidad del tiempo nunca habrá
de llegar a vuestras manos;
así, el efluvio del consciente
deseo que se percibe en el
tono de mi voz abatida, aún
las palabras consagradas al
vacío, se confunden; sin alcan-
zaros, absorbiéndome, una vez
más, mi ausencia de vos...
Sujeta a las ataduras que a
mi alma impuse al poseer vues-
tro amor extasiante, me en-
cuentro desconcertada al vis-
lumbrar en mi memoria de
forma simultánea, las imáge-
nes desvaídas de mis sueños
con vos, así como mi necesidad
de suplicaros, oh Caballero mío,
que me devolváis la posesión
de mi cuerpo y de este modo,
hacerme digna de despojarme
de los lazos que me mantienen
sentenciada a soportar esta
vana existencia...
Débilmente, mis manos rozan
el vacío y mis labios continúan
susurrando las mismas pala-
bras que siempre me oí deciros:
Vuestra Doncella renuncia
ante vos; y os busco entre la
oscuridad que toda me envuelve,
y por vez primera, no encuentro
vuestro rostro iluminado junto
a mí... Y espero oír vuestra voz
llamándome desde lejos; y no
me pesa la eterna espera... En
un suspiro, me pregunto si ha-
bréis de buscarme; en una refle-
xión, recuerdo que ni siquiera
fuisteis digno de esperar por mí..."
"Mis lágrimas, manchadas de
sombras y desesperación,
son la negra tinta con que
impregno mi sentir en pala-
bras que yacen, sin sentido,
en una misiva que en la eter-
nidad del tiempo nunca habrá
de llegar a vuestras manos;
así, el efluvio del consciente
deseo que se percibe en el
tono de mi voz abatida, aún
las palabras consagradas al
vacío, se confunden; sin alcan-
zaros, absorbiéndome, una vez
más, mi ausencia de vos...
Sujeta a las ataduras que a
mi alma impuse al poseer vues-
tro amor extasiante, me en-
cuentro desconcertada al vis-
lumbrar en mi memoria de
forma simultánea, las imáge-
nes desvaídas de mis sueños
con vos, así como mi necesidad
de suplicaros, oh Caballero mío,
que me devolváis la posesión
de mi cuerpo y de este modo,
hacerme digna de despojarme
de los lazos que me mantienen
sentenciada a soportar esta
vana existencia...
Débilmente, mis manos rozan
el vacío y mis labios continúan
susurrando las mismas pala-
bras que siempre me oí deciros:
Vuestra Doncella renuncia
ante vos; y os busco entre la
oscuridad que toda me envuelve,
y por vez primera, no encuentro
vuestro rostro iluminado junto
a mí... Y espero oír vuestra voz
llamándome desde lejos; y no
me pesa la eterna espera... En
un suspiro, me pregunto si ha-
bréis de buscarme; en una refle-
xión, recuerdo que ni siquiera
fuisteis digno de esperar por mí..."